Creadora de “De Lola Productos”, transformó formación y disciplina en un gran proyecto; su emprendimiento inspira
Quienes pasan por la calle principal de Palmar Arriba, en Santiago, ya identifican con facilidad el pequeño local de “De Lola Productos”, una tienda donde Dinorah Almonte fabrica y vende artículos de limpieza y productos para el cuidado capilar. Ella misma atiende a los clientes, explica cómo se usan los champús, los brillos y los goteros que produce, y organiza los pedidos que cada semana salen hacia distintos puntos de la comunidad. No siempre imaginó que tendría un negocio propio, pero admite que la idea la acompañaba desde niña, cuando soñaba con tener una tienda donde la gente entrara a buscar lo que necesitaba y saliera satisfecha.
Dinorah nació en Río Grande de Altamira, en Puerto Plata, y creció en un ambiente de sencillez y la vida comunitaria. Evoca su infancia entre caminatas al río, frutas recién cortadas y grupos de amigos que se movían por la comunidad sin preocupación.
Esa sensación de libertad era el motor de su imaginación, según comenta. Pero los años trajeron responsabilidades, mudanzas y nuevas etapas que no siempre llegaron acompañadas de claridad. Antes de iniciar su emprendimiento, se dedicaba a vender ropa en una fábrica ciertos días de la semana, sin un plan definido ni una meta profesional clara.
La idea de fabricar productos de limpieza surgió casi por intuición, mientras buscaba nuevas formas de generar ingresos. Comenzó haciendo pequeñas pruebas en casa, ajustando fórmulas y escuchando la opinión de sus primeras clientas. Descubrió pronto que tenía buena mano para ese trabajo. Las vecinas que probaban los productos volvían buscando más, y el boca a boca empezó a darle forma a una clientela estable. A partir de ahí, el negocio fue tomando forma: eligió un nombre, compró los materiales básicos y acondicionó un espacio para trabajar. Fue en ese momento de búsqueda cuando recibió una invitación para participar en el proyecto SuperEmprendedoras, una iniciativa vinculada al programa Supérate, que forma parte de la política social del Gobierno dirigida a fortalecer las oportunidades económicas de familias y emprendedores de comunidades vulnerables en todo el país.
En ese espacio descubrió herramientas que nunca había tenido a su alcance y que terminaron dándole un giro decisivo a su emprendimiento. No llegó buscando un cambio profundo, pero lo encontró. Las capacitaciones la ayudaron a asumir con mayor disciplina la vida comercial. En el módulo “Conociéndome”, dice que comprendió la importancia de ordenar sus prioridades. Aprendió a identificar qué quería lograr, cómo organizar su tiempo y qué elementos personales debía fortalecer para manejar un negocio. El taller financiero fue otro punto de quiebre: aprendió a registrar movimientos, separar ingresos, planificar compras y calcular márgenes. En su caso, ese conocimiento se tradujo en decisiones más cuidadosas, menos compras impulsivas y una gestión más estable del negocio.
También hubo un cambio en su manera de relacionarse con los demás. Ella misma cuenta que antes era menos abierta, que no socializaba con facilidad y que prefería mantenerse en silencio durante reuniones o actividades comunitarias. Las capacitaciones la ayudaron a soltarse, a escuchar otras experiencias y a entender que el intercambio con otras mujeres podía fortalecerla tanto como el aprendizaje técnico.

Camina hacia arriba
El negocio ha ido creciendo, incluso con los obstáculos propios de su realidad. Dinorah enfrenta un problema de salud que le dificulta trabajar con ciertos químicos, lo que ha limitado temporalmente la elaboración de algunos productos.
Aun así, ha optado por concentrarse en aquello que puede producir sin afectar su bienestar y en mantener la calidad que la caracteriza. Una de sus mayores satisfacciones ha sido la compra reciente de un vehículo que utiliza para distribuir pedidos; un paso grande para una emprendedora que comenzó anotando ventas en una libreta y produciendo desde su cocina.
Su objetivo inmediato es posicionarse como suplidora a nivel provincial, con una línea más amplia y un sistema de distribución más sólido. Quienes la conocen dicen que, cuando se propone algo, se mantiene en movimiento hasta lograrlo. La comunidad suele describirla como una mujer que no se detiene, que siempre está ajustando algo, prueba una nueva mezcla, revisa una etiqueta o busca a quién venderle.
Dinorah reconoce que el acompañamiento recibido a través de SuperEmprendedoras le abrió un camino que antes no conseguía ver. Y aunque evita frases grandilocuentes, admite que la experiencia le dio algo más que conocimientos; le dio dirección.
