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Punta Cana. La viceministra de Cooperación Internacional del Ministerio de Medio Ambiente, Milagros De Camps, dijo aquí que los recursos en la región han estado poco alineados con la acción climática.

Indicó que las tasas de inversión post-covid están en un 18 % del producto interno bruto (PIB) y es la región en desarrollo más endeudada del mundo.

Sostuvo que el servicio de la deuda representa 60 % de las exportaciones, lo que no ayuda a una recuperación baja en carbono.

“La relación de inversión de proyectos marrones a verdes tiene una proporción 4 a 1; en la región estamos invirtiendo un 3 % en promedio en acción climática mientras que en el resto del mundo se invierte un 21 %”, expuso.

Desde su punto de vista, hay una profunda asimetría en el gasto de inversión entre adaptación y mitigación de 6 a 1 a favor de la mitigación. “En materia de acción hay mucho por redoblar”, aseguró.

 “El sector agropecuario representa 5.2 % de nuestro PIB. Aún más importante que las cifras macroeconómicas positivas que nos provee, la agricultura tiene un impacto fundamental en la vida del dominicano, proveyendo un medio de vida para gran parte de nuestra población, generando ingresos y empleos y garantizando seguridad alimentaria y estabilidad de precios”, apuntó.

Sostuvo que los fenómenos climatológicos, asociados al cambio climático, han golpeado de forma inclemente al sector agropecuario.

“Sufrimos una sequía severa desde mediados del 2018, exacerbada por los efectos del fenómeno El Niño, la cual ha causado pérdidas significativas en la producción agrícola, ocasionó una emergencia en el suministro y abastecimiento de agua y tuvo efectos devastadores para la economía familiar y recursos naturales”, expresó De Camps, en una ponencia en el XXIII Encuentro Nacional de Líderes del Sector Agropecuario.

El evento, organizado por la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), se ha desarrollado del 7 al 9 de septiembre. La funcionaria de Medio Ambiente dijo que las proyecciones presentan igualmente un panorama desafiante.

“Habrá un aumento de la temperatura, disminución de la precipitación total junto con una disminución en la duración del período de lluvia. Muchos modelos indican que habrá eventos extremos con lluvias más intensas durante la época lluviosa, además de sequías intensas”, calculó la funcionaria de Medio Ambiente.

Recordó que las sequías e inundaciones más frecuentes estarán ligadas a la pérdida de la agroproductividad, migración por razones climáticas, tormentas tropicales, huracanes, incendios forestales en gran parte del país y el aumento del nivel del mar, provocando la salinización del suelo con vocación agrícola.

 La crisis climática conjugada con la crisis sanitaria, socioeconómica, y las prácticas agrícolas tradicionales nos indica la urgencia de trabajar para una agricultura sostenible.

¿Qué hacer?

“Para enfrentar los efector adversos al cambio climático, habrá que propiciar el cambio de paradigmas en cuanto a la producción de alimentos, modificar conductas y adoptar nuevos sistemas de producción”, advirtió la viceministra.

Desde su óptica, hay que aumentar la resiliencia climática de la población rural mediante la gobernanza del agua y la tierra más inclusiva y adaptativa, con soluciones basadas en ciencia que use tecnologías digitales.

De esa forma -planteó- se podrían reducir los riesgos hidroclimáticos y potenciar la investigación multipropósito sostenible, a fin de garantizar la capacidad de adaptación y resiliencia.

“Esta es una tarea impostergable con miras a garantizar los medios de vida, a través de uso eficiente de los recursos naturales, su aprovechamiento y la producción y el consumo responsable”, expresó.

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