Dos años de guerra: los ucranianos buscan normalidad en medio de la tragedia

EFE.- Dos años después de aquella madrugada del 24 de febrero en que las sirenas y las explosiones sonaron por primera vez en muchas de sus ciudades, los ucranianos han tenido que adaptarse a una realidad en la que la necesidad de seguir viviendo con normalidad se cruza a diario con las más descarnadas tragedias.

En las ciudades más alejadas del frente y en una capital protegida por las mejores defensas antiaéreas, pero también en poblaciones muy cercanas a la línea de combate como Sloviansk o Kúpiansk, la mayoría de residentes continúa con sus quehaceres cotidianos aún cuando se han declarado alertas que avisan de la llegada de drones o misiles enemigos.

Ignoran la recomendación de las autoridades de bajar a los refugios antiaéreos -o quedarse en espacios de las casas sin ventanas y separados del exterior por dos paredes- sabiendo que se exponen al riesgo de que caiga en su zona el dron o el misil que anuncian en sus móviles la aplicación del Gobierno y los canales de Telegram especializados.

La alternativa sería pasar varias horas todos los días esperando el fin de las alarmas en una estación subterránea de metro o en los sótanos desangelados de los que disponen muchos edificios de viviendas, algo que sí se ha convertido en rutina para los más cautos o quienes viven en las zonas más atacadas por las fuerzas rusas.

Ganas de vivir

KIEV, 22/02/2024.- Residentes en Kiev pasean por el centro de la ciudad en vísperas del segundo aniversario de la invasión rusa a gran escala de Ucrania. Dos años después de aquella madrugada del 24 de febrero en que las sirenas y las explosiones sonaron por primera vez en muchas de sus ciudades, los ucranianos han tenido que adaptarse a una realidad en la que la necesidad de seguir viviendo con normalidad se cruza a diario con las más descarnadas tragedias. En las ciudades más alejadas del frente y en una capital protegida por las mejores defensas antiaéreas, pero también en poblaciones muy cercanas a la línea de contacto como Sloviansk o Kúpiansk, la mayoría de residentes continúa con sus quehaceres cotidianos aún cuando se han declarado alertas que avisan de la llegada de drones o misiles enemigos.EFE/ Marcel Gascón

Las ganas de vivir son más importantes que nunca en un contexto de guerra en el que todos los ucranianos han perdido a familiares y amigos, tienen a seres queridos en el frente o sufren en sus propias carnes el desplazamiento interno o la experiencia traumática del combate.

En las grandes ciudades del país, bares, restaurantes y clubes de baile siguen funcionando con horario adaptado al toque de queda. 

Detrás de esta imagen de frivolidad que los progresos aprovechan en las redes para desacreditar a Ucrania, se esconden innumerables tragedias personales de gente que quiere seguir siendo dueña de su destino y no está dispuesta a dejar de reír, divertirse y arreglarse.

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