Sofía Lachapelle, a 25 años del 11-S: el deber de no olvidar

La periodista dominicana revive el trágico día y llama a no borrar de la memoria las historias de sacrificio

Para muchos, el 11 de septiembre recuerda el día en que la vulnerabilidad de la nación más poderosa del mundo quedó expuesta. Las Torres Gemelas en llamas, el desplome de los edificios y una inmensa nube de polvo que cubría Manhattan se convirtieron en imágenes imborrables de una tragedia que estremeció al mundo.

Para Sofía Lachapelle, sin embargo, el 11-S significa mucho más. La periodista dominicana estuvo en la Zona Cero y sobrevivió a la catástrofe, pero también fue testigo de la entrega de policías, bomberos y rescatistas que arriesgaron sus vidas para salvar las de otros.

Hoy, 25 años después, Lachapelle conversa en exclusiva con CDN desde Nueva York. Su balance trasciende lo ocurrido aquel martes de 2001: habla de las vidas perdidas, de quienes todavía enfrentan secuelas de salud y, sobre todo, de la responsabilidad de preservar las historias de aquellos que se sacrificaron.

“Gracias por no olvidar. Es la frase que es el legado de las personas que, de alguna forma, estuvimos trabajando o viviendo o fuimos parte de este lastimoso evento que cambió la vida de los Estados Unidos”. Para la comunicadora dominicana, radicada en Estados Unidos, el objetivo es lograr que las nuevas generaciones comprendan lo que significó el 11-S más allá de las imágenes que han visto en fotografías, documentales o archivos de televisión. “Lo más importante siempre será recordar, recordar y que la historia pase de generación a generación,…“El nunca olvidar es nunca olvidar las vidas que se perdieron, nunca olvidar la vulnerabilidad en que vivimos […] nunca olvidar el sacrificio de todos estos oficiales del orden”, afirmó.

El policía que cedió su propio oxígeno para salvarla

Sofía Lachapelle vivió en primera persona el sacrificio de los oficiales y rescatistas que aquel 11 de septiembre arriesgaron sus vidas para salvar a otros. Sin embargo, 25 años después, cuando pensaba que conocía todos los detalles de su propia historia, descubrió la verdadera dimensión del gesto del policía que la rescató, Joe Toscano.

“Ese tanque de oxígeno […] era un tanque que ellos utilizaban como rescatistas, con solamente 30 minutos de oxígeno, y era para que ellos pudieran respirar y poder rescatarnos. Él se quitó su máscara y nos dio el oxígeno a nosotros. ¿Me entiendes? Ese nivel de compromiso de todo el que trabajó aquí como rescatista. Se cortó su propio aire para darnos, para que algunos pudiéramos vivir y respirar. ¿Cómo olvidar este sacrificio?”

Para Lachapelle, la historia de Toscano resume el nivel de entrega de policías, bomberos y rescatistas que aquel día antepusieron la vida de desconocidos a la suya. Pero Toscano es solo uno de tantos nombres detrás de aquella jornada: “Son tantas las historias de policías y bomberos que iban rumbo a su casa porque habían terminado el turno, pero se regresaron y no volvieron a su casa”, recordó. Historias que, para ella, explican por qué, un cuarto de siglo después, el sacrificio de quienes corrieron hacia el peligro mientras otros intentaban escapar no puede ser olvidado.

Las secuelas del 11-S persisten 25 años después

El impacto del 11-S no terminó con el derrumbe de las Torres Gemelas. Un cuarto de siglo después, advierte que sus consecuencias continúan manifestándose en la salud de quienes estuvieron expuestos a la contaminación en la Zona Cero y sus alrededores.

Según datos del World Trade Center Health Program, administrado por NIOSH/CDC, casi 150,000 respondedores y sobrevivientes forman parte del programa de salud, mientras que cerca de 90,000 tenían al menos una condición certificada relacionada con el 11-S. Además, un informe del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) señala que más de 10,000 de sus miembros presentan alguna condición física certificada vinculada a los atentados.

“Estamos hablando de vidas que siguen siendo afectadas”, afirmó Sofía Lachapelle , quien admite que ella forma parte del grupo de 150,000 personas atendidos por el programa de salud de los sobrevivientes.

En su caso, la periodista aseguró que hasta ahora ha presentado principalmente una afección dermatológica y se considera afortunada, aunque continúa atenta a los controles preventivos. Para Lachapelle, estas secuelas forman parte indispensable del balance de la tragedia: “El impacto en la salud… La responsabilidad pública ante situaciones de emergencia, el manejo de la información y tercero, el cuidado que se debió tener, porque estamos hablando de que las secuelas medicas se están viendo 25 años después”.

Datos difundidos con motivo del 25 aniversario indican que más de 145,000 personas continúan recibiendo atención por problemas de salud relacionados con los atentados y más de 57,000 han sido diagnosticadas con cáncer, mientras las enfermedades respiratorias permanecen entre las afecciones más frecuentes.

“No se puede bajar la guardia”

El 11-S también modificó la relación de los estadounidenses con la seguridad. Para Lachapelle, quien vivió la tragedia desde el terreno y continúa trabajando como periodista en Estados Unidos, 25 años no han sido suficientes para borrar esa sensación.

Cuando se le pregunta cómo ha cambiado el ciudadano común, su respuesta parte incluso de su propia cotidianidad. “Imagina una ciudad como Nueva York: tú caminas mirando sobre tu hombro, tú caminas mirando quién está a tu lado”.

Las amenazas han cambiado, los conflictos internacionales se han multiplicado y los mecanismos de seguridad se han fortalecido, pero para Lachapelle hay una enseñanza del 11-S que permanece intacta. “La seguridad nunca debe mermar; al contrario, aumenta con los años”.

Y lo resume de una manera todavía más categórica: “No se puede bajar la guardia”.

A 25 años de aquel martes que transformó para siempre a Nueva York y estremeció al mundo, Lachapelle regresa inevitablemente al punto de partida: recordar.

Recordar a quienes murieron. A quienes sobrevivieron. A quienes todavía padecen las consecuencias en su salud. A los policías, bomberos y voluntarios que corrieron hacia las torres mientras miles intentaban escapar. Y a hombres como Joe Toscano, que estuvo dispuesto a desprenderse hasta del aire que necesitaba para respirar para que otros pudieran vivir.

De vuelta al lugar

Para Lachapelle, contar esas historias es parte de la responsabilidad que asumieron quienes estuvieron allí. Por eso, 25 años después, decidió volver al lugar que durante tanto tiempo le resultó difícil enfrentar y ponerse nuevamente frente a una cámara como periodista.

Su conclusión es breve, pero resume buena parte de su regreso: “El temor nunca debe vencer”.

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