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Marine Le Pen o la puesta en jaque a la Unión Europea

El año 2017, tal como he señalado en otros artículos, será un año en el que inicia o se acentúan situaciones que darán como resultado la reconfiguración de un nuevo orden a escala global. El desarrollo de los diversos acontecimientos actuales&#823

El año 2017, tal como he señalado en otros artículos, será un año en el que inicia o se acentúan situaciones que darán como resultado la reconfiguración de un nuevo orden a escala global. El desarrollo de los diversos acontecimientos actuales así lo confirman.

El mundo está a la expectativa de lo que hace o deja de hacer la nueva administración de los Estados Unidos tanto en su territorio como en su relacionamiento con otros países y, concomitantemente, el continente americano asiste a lo que podría significar una crisis de confianza y legitimidad sin precedentes del sistema de partidos políticos vigente a raíz de la puesta en evidencia del esquema de corrupción y soborno configurado por la empresa brasileña Odebrecht con funcionarios, legisladores, periodistas y líderes políticos de varios países.

Mientras eso sucede, la Unión Europea, justo cuando este 25 de marzo se conmemora el 60 aniversario del Tratado de Roma con el cual se constituye la Comunidad Económica Europea, podría estar a las puertas de su peor crisis en lo que tiene que ver con la supervivencia del proceso de integración como tal.

La razón esta vez no solo son los efectos del Brexit, el cual ha minado de desconfianza el terreno de la integración europeísta y ha dado nuevos bríos a los euroescépticos.
En esta ocasión, lo que preocupa a Bruselas y a los europeístas es la posible elección de Marion Anne Perrine Le Pen como presidente de Francia en las elecciones que se celebrarán en abril y mayo de este año. Le Pen es la líder del partido ultranacionalista y antieuropeísta de derecha llamado Front National (Frente Nacional).

Marine Le Pen asumió en el 2011 la dirección del partido que fundó su padre, Jean-Marie- Le Pen, en el 1972. Desde ese momento se ocupó en la tarea de cambiar la imagen de caricatura fascista que su padre –y ella misma en años atrás- había impregnado al partido desde su fundación. Para ello fue expulsando miembros del partido que coqueteaban con ideas nazistas y fue presentando al partido como una alternativa electoral orientado por el patriotismo.

Esa carrera en la que Le Front National (Frente Nacional) buscaba posicionarse como posible opción de poder procreó para la propia Marine Le Pen un discurso aderezado de sentimiento nacional, opuesto a la libertad de fronteras, a la inmigración y a la mismísima Unión Europea.

Paralelamente buscó el favor de sectores tradicionalmente excluidos. Habitantes de regiones aisladas en las que el brazo del gobierno no llega o si lo hace no se percibe suficientemente, así como los perjudicados por la alta tasa de desempleo, han tenido especial espacio en el discurso de Le Pen. Francia es una sociedad cada vez mejor preparada, paradójicamente sin embargo, es al mismo tiempo muy mal empleada lo que posibilita el nacimiento de un nicho de aprovechamiento político que no ha sido desperdiciado por Marine Le Pen.

En esa estrategia de adecuación lineal de su partido que, en las elecciones presidenciales del 2012 obtuvo 17.9% de los votos válidos emitidos, colocándose como la tercera fuerza política del país, se necesitaba dar un paso de mayor simbología de cara a las elecciones de este 2017 con el objetivo de romper el bipartidismo tradicional de la política francesa, y Le Pen lo decidió: en el año 2015, de manera que se viera su determinación de limpiar definitivamente del partido la posición ultra y xenófoba –aunque fuese solo ocultada tras la puerta- expulsó deshonrosamente a su padre de las filas del partido.

Las ideas contenidas en su programa económico han contribuido a que la imagen odiosa del otrora Frente Nacional se haya matizado frente a la incapacidad del bipartidismo tradicional. De hecho, el presidente Hollande, del partido socialista, sorprendió al renunciar a la posibilidad de presentarse a una repostulacion en estas elecciones. Por otra parte, François Fillon, del partido republicano y quien hasta hace unos meses encabezaba la preferencia del electorado, ha caído en picada al acusársele de desviar fondos millonarios en favor de familiares.

Su propuesta incluye puntos claves que llaman la atención, sobre todo en un contexto en las que las ideas predominantes y que mantenían el statu quo van variando de forma muy significativa y se asemejan mucho a lo que, en los Estados Unidos, en una campaña llena de elementos populistas, identificó y portó como estandarte el equipo del hoy presidente Donald J. Trump.

Entre esos elementos están aquellos que reivindican la necesidad de recuperar la autoridad del estado, la creación de condiciones favorables para sectores en desventaja que propicien la delineación de un futuro prometedor de la nación. Toma en cuenta el ejercicio de una política exterior centrada en los intereses nacionales, menciona elementos que deben propender a la recuperación económica y social y propugna por la refundación republicana en un contexto fuera de la Unión Europea.

Le Pen, peligro latente para la Unión Europea

El partido Front National y las propuestas de Le Pen llevan como estandarte algunos rasgos significativos que preocupan a la clase política tradicional francesa pero además, como mencionaba antes, a la propia Unión Europea.

El discurso de Le Pen insiste de manera visceral en la idea de que existe una estrecha vinculación entre los males de la sociedad francesa –incluidos actos de terrorismo- y el creciente segmento poblacional resultante de la inmigración. Notable semejanza a discurso Trump.

De ahí que no es de extrañar que otro de los elementos que identifiquen su discurso sea el de la defensa de la identidad francesa tradicional, idealizada y homogénea que por lógica contrasta de modo adverso con la población de origen musulmán.

Otro elemento que ha permitido la inserción avezada de Le Pen en el gusto del electorado que la coloca como la favorita actualmente para ganar las próximas elecciones presidenciales es la hostilidad a los partidos tradicionales y a las élites políticas. Elementos estos que “Podemos” en España e incluso el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos o la decisión de Reino Unido de salir de la supervigilancia desde Bruselas, contribuyen en la creación de una percepción de cambio impostergable en el sistema político mundial, y que allí, el país de la famosa revolución francesa parece estar decidido a apostar de modo definitivo a un cambio de paradigma que aún desconocemos sus efectos.

Y quizás, el elemento que más debe preocupar a la UE es el combativo espíritu de Marine Le Pen en contra de la globalización y sus derivados y por lógica inmediata adversa a la propia Unión Europea, a quien acusa de robar libertades y subyugar el espíritu de libre determinación de los pueblos y naciones.

Bruselas tiembla cuando piensa en que en Alemania pueda ganar terreno en las próximas elecciones de septiembre el ala euroescéptica, o de que lo mismo suceda en Países Bajos o incluso en Italia. Sin embargo, lo que más le preocupa es la posibilidad real de que sea Le Pen la próxima presidenta de Francia.

Tratando de detener su avance han despojado a Le Pen esta semana de la inmunidad parlamentaria, lo que permitirá a un tribunal en Francia juzgarla por publicar en el 2015 en sus redes sociales algunas imágenes de ajusticiamientos de personas por el autodenominado Estado Islámico.

No han previsto, empero, que son justamente este tipo de acciones las que el pueblo llano francés ve como una extralimitación del poder de Bruselas o la vulneración de un derecho a la libre expresión como defensa al propio terrorismo. Esto podría convertirse en un acicate empero para que Le Pen consiga los votos que le hacen falta y que, como teme la Unión Europea, sea el partido Front National y Le Pen el que ocupe el Eliseo en poco tiempo.

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