Un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications ha revelado cómo la leche materna actúa como un vehículo directo para transferir bacterias esenciales al sistema digestivo de los lactantes. Esta investigación confirma que el alimento materno no solo nutre, sino que establece una base sólida para la salud infantil a largo plazo.
Los científicos analizaron más de 500 muestras de leche y heces de 195 parejas de madres y bebés en Estados Unidos. Los resultados demuestran una transmisión microbiana vertical, donde cepas específicas viajan desde la madre para colonizar el intestino del niño.
Un puente bacteriano directo entre madre e hijo
El equipo de investigación, liderado por la Universidad de Chicago, utilizó análisis metagenómicos avanzados para rastrear estas bacterias. Identificaron que microorganismos del género Bifidobacterium son los protagonistas de esta transferencia, ayudando a formar y estabilizar la flora intestinal del lactante.
Entre las especies más comunes destaca la Bifidobacterium longum, detectada en el 55% de las muestras de leche y en el 98% de los microbiomas infantiles. Estas bacterias son fundamentales porque procesan los azúcares de la leche y protegen al bebé contra enfermedades inflamatorias y metabólicas.
La estabilidad del microbioma y el «flujo retrógrado»
La investigación también descubrió un fenómeno curioso: el intercambio es bidireccional. Durante la succión, el bebé puede transferir bacterias de su boca al conducto mamario de la madre, un proceso llamado flujo retrógrado. Esto integra especies orales como la Veillonella parvula en la comunidad microbiana de la leche.
Además, el estudio resalta que la lactancia favorece una estabilidad duradera. Aproximadamente el 19% de las cepas presentes al primer mes de vida permanecen en el intestino hasta el sexto mes. Se observó que esta persistencia es aún mayor en bebés nacidos por vía vaginal en comparación con los nacidos por cesárea.
Genes de resistencia y salud a largo plazo
Un hallazgo relevante es la transferencia de genes de resistencia a antimicrobianos a través de la leche materna. Aunque esto ocurre incluso sin exposición previa a antibióticos, los científicos consideran vital seguir estudiando cómo este «resistoma» influye en el desarrollo inmunológico global.
Pamela Ferretti, autora principal del estudio, enfatiza que la leche materna sigue siendo la fuente de nutrición exclusiva recomendada. Sus beneficios en la regulación metabólica y la prevención de trastornos en la primera infancia la consolidan como un pilar insustituible del desarrollo humano
