En el Día Mundial de la Fibromialgia, que se conmemora cada 12 de mayo, es importante reflexionar sobre cómo esta enfermedad del sistema nervioso desafía las concepciones tradicionales sobre el dolor y la salud mental. A menudo, dentro de las consultas de los pacientes, suele aparecer la duda con respecto al motivo de la derivación para evaluación por psiquiatría.

Se trata, tal como se ha mencionado, de una enfermedad del sistema nervioso que provoca una alteración en la percepción y el procesamiento del dolor. Si bien su causa es multifactorial, con componentes genéticos y ambientales, el estrés crónico juega un papel fundamental, ya que se presenta una dificultad en su regulación, con mayor activación del sistema nervioso simpático.

La fibromialgia es reconocida como una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1989, aunque aún en la actualidad es considerada por algunos como una forma encubierta de depresión. Sin embargo, existe evidencia científica que respalda su existencia.

Debido a la diversidad de síntomas que genera, la fibromialgia puede confundirse con otras patologías, lo que lleva a múltiples consultas con diferentes especialidades médicas. El dolor generalizado es una de las características de la fibromialgia, acompañado de fatiga, alteración del sueño y trastornos cognitivos que persisten, por lo menos, durante 3 meses.

Es crucial comprender que este dolor no se origina por un daño orgánico o una lesión. En la fibromialgia y en otros síndromes sensitivos centrales, no existe daño o injuria, por lo cual son ejemplos de que el dolor no implica una lesión. A este tipo de dolor se lo denomina nociplástico y se caracteriza por una alteración en la percepción del dolor y un aumento en la sensibilidad al mismo.

El modelo DADI (depresión-ansiedad-dolor-insomnio) en medicina del dolor muestra una frecuente asociación entre estos síntomas, ya que cuando uno se desregula, afecta a los demás y la comorbilidad entre estos trastornos supera el 60%.

Existe una fuerte asociación entre el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) y la fibromialgia, aunque a veces se trata solo de un evento vivido traumáticamente por la persona, dando lugar a un estrés que genera dolor.

El dolor físico esconde otros dolores. Somos una unidad, por lo cual cuando hay algo que no funciona bien en nuestra psiquis, esto repercute en el cuerpo.

El tratamiento de la fibromialgia es multidisciplinario e integral, incluyendo: medicación, psicoterapia, ejercicio físico, nutrición y modificación en los hábitos de vida. Todo ello contribuye a restablecer la vía del dolor y disminuir la excitabilidad neuronal aumentada. Sin embargo, es fundamental abordar también las situaciones que desencadenaron esta alteración del sistema nervioso para lograr estabilizar la enfermedad.

Dentro del tratamiento, inicialmente es fundamental mitigar los síntomas, seguido por la provisión de psicoeducación para clarificar la enfermedad, lo cual conlleva a una sensación de tranquilidad para el paciente. En ese sentido, establecer una red de apoyo compuesta por familiares y amigos, resulta de gran ayuda en el proceso.

Posteriormente, se aborda gradualmente la reintegración laboral, adaptándola según las capacidades individuales del paciente. Es de vital importancia mantener un diálogo abierto con los pacientes, brindándoles una amplia gama de opciones terapéuticas, lo que les permite tomar un rol activo en la gestión de su tratamiento y no ser meros espectadores o sentirse impotentes ante su condición.

La psicoterapia cognitivo conductual está recomendada como parte del tratamiento integral. A la misma se suman otras estrategias, como mindfulness para reducir el estrés; actividad física, que sea de la preferencia del paciente realizándole algunas adaptaciones; y cambios en la alimentación y suplementos nutricionales, en algunos casos, sabiendo que esto es un proceso que traerá beneficios en el futuro.

En ese sentido, INECO cuenta con la Clínica de Fibromialgia y Dolor Crónico, desde la cual brinda acompañamiento a los pacientes a lo largo de su tratamiento, sugiriendo modificaciones en sus hábitos gradualmente, lo cual es fundamental en condiciones como la fibromialgia. La incorporación de nuevas rutinas, cada una a su tiempo, puede ayudar a los pacientes a adaptarse mejor y a mantener esos cambios a largo plazo, logrando de ese modo un bienestar sostenido.

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