Esta emprendedora es la propietaria de un centro de uñas que ha sabido encaminar con base en el esfuerzo
En el sector El Güerito, en el centro de San Juan, Yazmín Ramírez Rodríguez ha levantado un pequeño negocio que le permite sostener a su familia y proyectar crecimiento.
Se trata de un centro de uñas que inició de manera sencilla, con prácticas gratuitas en su comunidad, y que hoy se diversifica con la venta de otros productos. Su historia es la de muchas mujeres que, tras vivir etapas de incertidumbre, encuentran en el emprendimiento un camino de estabilidad.
Yazmín se casó joven y fue madre de tres hijos. El matrimonio terminó antes de lo que había imaginado, pero no dejó de confiar en que podía rehacer su vida. Hace seis años encontró una nueva pareja y con ella la tranquilidad emocional que había buscado. Esa estabilidad la llevó a plantearse metas más concretas. Sentía que su tiempo debía emplearse en actividades útiles y decidió estudiar una licenciatura en Educación Inicial, carrera que concluyó con orgullo. “Siempre me han gustado los niños, y ya que me gradué me siento feliz de la vida. Ya tengo una licenciatura, ya soy alguien por lo menos en la vida”, afirma.
Mientras estudiaba en la universidad, comenzó a visitar un salón de uñas. La experiencia con la manicurista que debía atenderla le resultó frustrante por los constantes aplazamientos. De ahí nació la idea de formarse en ese oficio. “Voy a hacer un curso de uñas porque necesito demostrarle a la gente cómo es que se trabaja. Si usted no puede, diga que no puede, no esté posponiendo de día en día. Y así lo hice”, recuerda.
El curso duró siete meses y las primeras prácticas las realizó con niñas de su comunidad. Al inicio sin cobrar, luego con precios simbólicos, “pa’ no dejar”, hasta que dominó la técnica. Una vez segura de sus capacidades, invirtió en talleres adicionales para perfeccionarse y con ello formalizó su propio negocio.
La etapa inicial no fue sencilla. La falta de conocimientos financieros la hacía pensar que el negocio no tenía futuro. Ella misma reconoce que estuvo a punto de abandonar. La situación cambió cuando una clienta le habló del programa Mujeres SuperEmprendedoras, parte de la estrategia Supérate, diseñado para apoyar a mujeres con proyectos de emprendimiento. Un anuncio en televisión la convenció de acercarse a la gobernación y participar en su primer taller.


El programa le abrió nuevas perspectivas. Los talleres de Educación Financiera y Conociéndome resultaron decisivos. Aprendió a organizarse, a separar ingresos de gastos y a planificar sus metas. Esa formación fue clave para levantar su centro de uñas, ahorrar y pagar su tesis universitaria, con lo cual pudo finalmente graduarse. “Antes de Mujeres SuperEmprendedoras no sabía organizarme de ninguna manera. Ahora entiendo lo que es superarse”, asegura.
El crecimiento de su negocio no se quedó en el servicio de manicura. Con el tiempo diversificó la oferta y en el mismo espacio hoy vende zapatos y ropa interior. Sus planes a corto y mediano plazo son claros: quiere un local propio que le permita convertir el proyecto en una surtidora de productos de belleza. “De aquí a cinco años me veo con un negocio más grande”, afirma con convicción.
Además de emprender, Yazmín se ha convertido en promotora de la iniciativa entre amigas y conocidas, convencida de que la formación puede cambiar realidades. Parte de esa transformación la mide en números: nunca pensó tener ahorros de 50,000 o 60,000 pesos, y hoy ya lo ha logrado. Lo que antes era una duda constante sobre la viabilidad de su negocio, ahora es una fuente de ingresos estables y un plan de crecimiento que aporta al dinamismo económico local.
Supérate, programa que dio origen a Mujeres SuperEmprendedoras, es la principal estrategia de protección social del Gobierno dominicano. Su función va más allá de las transferencias monetarias: incluye apoyo al emprendimiento, capacitación y acceso a servicios básicos, con la finalidad de que los hogares en situación de vulnerabilidad logren mayor autonomía. El componente orientado a mujeres busca dotarlas de herramientas prácticas para manejar sus microemprendimientos y fortalecer su rol en la economía local.
En el caso de Yazmín, la experiencia muestra cómo una capacitación adecuada, sumada a la voluntad personal, puede convertir un oficio en un negocio sostenible. De trabajar sin cobrar, pasó a formalizar tarifas, reinvertir en insumos, diversificar productos y mantener ahorros en el banco. Cada paso se traduce en dinamismo económico para su comunidad y en un ejemplo concreto de cómo los microemprendimientos contribuyen al tejido productivo.
Hoy, Yazmín no se limita a trabajar con uñas. Su visión va más allá: consolidar un negocio con mayor alcance, mantener estabilidad financiera y servir de motivación a otras mujeres que se enfrentan a la misma pregunta que ella se hizo en el pasado: cómo usar el tiempo en cosas útiles que puedan transformar la vida.
