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Conflictos en Siria y Yemen: ruptura a toda buena regla

Desde antes de que se desencadenara el actual conflicto en Siria había alertado sobre él. No es mi tema favorito pero veo en lo que pasa en ese país y en la confluencia de intereses que rivalizan allí el germen de un conflicto a escala cada vez…

Desde antes de que se desencadenara el actual conflicto en Siria había alertado sobre él. No es mi tema favorito pero veo en lo que pasa en ese país y en la confluencia de intereses que rivalizan allí el germen de un conflicto a escala cada vez mayor, y eso, no puedo a ocultárselo, me preocupa.

No puede compararse en lo más mínimo lo que se escriba o se diga, aun cuando se haga en la forma más descriptiva posible, con los horrores que de seguro se viven en el terreno de guerra, ni mucho menos con los detalles atroces que marcan la vida de quienes, en medio de la destrucción más horrenda en Alepo, por ejemplo, sobreviven para contarlo.

No solo porque la opinión del que escribe pueda estar parcializada, sino porque la primera víctima de la guerra es la verdad, de modo que, lo único real, verdadero, que no puede ocultarse, en Siria en este caso, es el número creciente de muertos, de refugiados y de desplazados internos o externos que ha producido.

Y por supuesto, aun cuando traten de maquillarlo, otro aspecto que no resiste dudas ni cuestionamientos es que, en un conflicto de la envergadura de este, ninguno de los actores conocidos está totalmente exento de responsabilidad.

El Jus in bellum y el Jus ad bellum, que, dentro del derecho internacional regula la forma en la que se conducen las hostilidades, así como los motivos o justificaciones de la guerra, respectivamente, son leyendas urbanas en estos casos.

Nadie responde por la autoría de bombardeos a hospitales, a convoyes cargados de ayuda, a explosiones en bodas, en funerales o en otros espacios en los que los civiles son masacrados inmisericordemente.

En pocas palabras, parece que las partes en conflicto y las que apoyan a alguna de éstas han asumido como única e indiscutible regla la de que, en la tarea de infringir daño al contrario, no existe ninguna regla.

Y esos elementos, aun cuando no sepamos todos los detalles posibles ni queramos sinceramente saberlos, es nuestra responsabilidad con nuestros hijos y con los hijos y nietos de ellos, continuar analizándolos, comentándolos.

¿Qué está pasando en Yemen?

Es la pregunta que algunos comienzan a hacerse. Y esa pregunta llega en momentos en los que miles de personas han muerto ya en ese país y millones –en su mayoría niños- están en peligro de morir, no solo porque los atraviese un proyectil, sino incluso por la falta de alimentos más básicos.

Aquel cuestionado proceso de reformas denominado “Primavera Árabe” provocó la renuncia de Ali Abdullah Saleh, quien había gobernado Yemen por espacio de 22 años, desde 1990 hasta el 2012.

A lo largo de ese período recibió el apoyo de muchos gobiernos, incluido el de los Estados Unidos que, en el 2010 informó que duplicaría la ayuda a las fuerzas de seguridad del gobierno yemení para combatir la insurgencia local y los movimientos terroristas, principalmente al-Qaeda en la Península Árabe (AQAP por sus siglas en inglés), grupo que perpetró el ataque al semanario satírico francés Charlie Hebdo, en enero 2015.

Adb Rabbuh Mansur Al-Hadid, quien había sido su vicepresidente asumió la jefatura del Estado hasta su renuncia a finales del 2014, asediado por presiones sociales y políticas de los hutíes, grupo seguidor de Husein Badr Al Din Al Huti, quien fue asesinado en medio de protestas por exigencias al Gobierno de Saleh en el 2004 y que representan del 30% al 50% de la población yemení.

En enero de 2015 rebeldes hutíes se apoderan de Yemen, y, posteriormente, Al-Hadid, que luego de su renuncia se había refugiado en otra ciudad lejos de la capital, declara que continúa siendo el presidente legítimo y que dirigirá el Gobierno desde allí.

Una coalición de países árabes de confesión suní, sin un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y liderada por Arabia Saudita y con apoyo de los Estados Unidos comenzó a bombardear a los hutíes, que, dicho sea de paso, son del islam chií, en apoyo al expresidente yemení que ahora aducía seguir siendo jefe del ejecutivo.

A partir de ese momento, los muertos en Yemen aumentan exponencialmente y la situación de hambre que viven allí, son insondables.

Hace unos meses, la ONU culpó a la coalición de países árabes, de ser la causante de la situación caótica que se vive y colocó a Riad, capital de Arabia Saudí, en su lista negra de países que ejercen violencia contra niños, retirándola seis días después, sin explicaciones.

Sin embargo, Siria había acaparado todos los titulares, hasta que este jueves, a raíz del ataque fallido desde Yemen-dijo el pentágono- contra el destructor USS Manson de los Estados Unidos, y del bombardeo que se dio como respuesta, apareció en los diarios insistentemente.

Los hutíes en Yemen, detentores del gobierno de facto en ese país, pertenecen al islam chií, lo mismo que el régimen de Siria, el Gobierno de Irán, así como el de Irak y Omán.
Los países árabes que conforman la coalición que bombardea Yemen son sunníes, de modo que, en el terreno, coinciden incluso con al Qaeda en la lucha contra los primeros.

La intervención de EEUU se había limitado a suministrar armamento a la coalición liderada por Arabia Saudita. No extraña que, a raíz del bombardeo que éstos realizaran a los radares marítimos en Yemen, Irán haya decidido enviar dos buques de guerra a la zona de conflicto. Podría ser la señal de una escalada peligrosa en este conflicto en el que, por vez primera, USA se involucra directamente.

Con estos ataques “limitados y preventivos” Obama quiebra su política de no intervenir directamente en los conflictos bélicos de medio oriente cuidándose de no ser arrastrado con posibles efectos similares a los que produjo la intervención en Irak y, por otro lado, tratando también de no empañar sus acuerdos con Irán, cuya ejecución plena podría peligrar si se producen situaciones lamentables entre ambas armadas.

Siria ha demostrado ser germen de conflictos cada vez de más envergadura. Yemen, por su parte, promete hacerle competencia. Ambos son la personificación de la ruptura a toda buena regla.

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