Empresas de telecomunicaciones

Las grandes empresas de telecomunicaciones en República Dominicana se pueden contar con los dedos de una mano, y hasta sobran dedos.

A partir de ese casi monopolio, algunas de esas compañías se dan el lujo de “golpear” a clientes con actitudes cuestionables y desventajas en la prestación de los servicios contratados. En ocasiones, ni siquiera ofrecen de manera integral lo que han acordado con sus usuarios.

“Para muestra basta un botón”. Recientemente, una prestadora de servicios telefónicos me cobró un mes que, de acuerdo con mis cálculos, ya había pagado, como suelo hacer cada mes.

Cuando acudí a presentar la reclamación, la respuesta fue que debía entregar un estado de cuenta de mi banco para que pudieran recibirla. Todo esto, después de ofrecerme una explicación vaga sobre el corte de mi facturación.
Pero, más allá de esa situación, aproveché para reclamar que uno de los servicios incluidos en mi plan tampoco se está ofreciendo de manera completa, pues no cuento con los canales deportivos que originalmente habíamos acordado.
Para mi otra sorpresa, me informaron que esa reclamación debía hacerla a través de su servicio telefónico de atención al cliente, aun cuando me encontraba frente a uno de sus representantes.

En ese momento entendí que lo que buscan es complicar los procesos de reclamación, con la intención de ganarle al cliente por cansancio. Así de simple.
Por razones como esta, algunas de las empresas nacionales se oponen a la entrada de otras compañías del mismo sector al mercado dominicano.

Otro asunto criticable de las telecomunicaciones nacionales es que, en su afán por quitarse clientes unas a otras, incurran en prácticas cuestionables, como comunicarse con clientes de otras compañías para convencerlos de cambiar de prestadora.

Apoyamos al director del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), Guido Gómez Mazara, en su lucha por una mayor apertura del mercado nacional de las telecomunicaciones, con el propósito de poner fin a las prácticas que limitan la competencia y combatir el casi monopolio existente.

Porque, al final, el cliente no debería tener que librar una batalla para recibir el servicio por el que paga, ni verse obligado a dar tantas vueltas para que una empresa le escuche y le resuelva un problema. ¡Ya está bueno de tantas pendejadas!

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