Expandillero se “regenera” y crea fundación por la paz

    Ramón Vidal, mejor conocido como Monchy, hoy está regenerado, hace apenas dos años era uno de los más temibles líderes  pandilleros que operaba en el Distrito Nacional.

    A los 17 ingresó a la Policía, la cual según afirma, fue la puerta de entrada y le sirvió de universidad para adquirir los conocimientos que posee sobre las armas de fuego.

    Tres años después dejó la uniformada ingresando al bajo mundo, y cuando tenía 23 años resultó herido de bala en enfrentamiento de bandas escenificado en el barrio Guachupita, que lo condenó a usar de por vida una silla de ruedas.

    Sin embargo, para este hombre de 40 años, estar postrado en una silla de ruedas no representó ningún obstáculo para manipular a su antojo a más de 400 jóvenes, con el objetivo de mantener el control de los barrios 27 de Febrero, María Auxiliadora, Guachupita y otros aledaños del Distrito Nacional, donde implantó el terror aumentando los puntos de venta de drogas, los robos y atracos a mano armada y los enfrentamientos con las bandas enemigas. 

    Residentes del barrio 27 de Febrero, donde estaba la base de operaciones de Monchy, aseguran que este hombre tenía el control de esa zona, y en sectores como Loma del Chivo y María Auxiliadora, entre otros, nadie se movía sin la autorización de Monchy.

    Incluso los propios policías temían incursionar en esos barrios, ya que cuando lo hacían generalmente confrontaban problemas con los miembros de la pandilla denominada Amor Dorado, de la cual Monchy era el cabecilla.

    Los vecinos confirmaron que con su salida del bajo mundo, la situación de inseguridad y venta de drogas en esos barrios disminuyó a su mínima expresión.

    El cambio
    Monchy comentó que tuvo muchos motivos para cambiar de vida. El principal de ellos fue la pérdida de muchos amigos.

    Narra que muchos murieron con apenas 18 años, a manos de la Policía, en “intercambios de disparos” y otros en trifulcas con bandas rivales.

    Dice que le tocó ir a muchos velorios de amigos en sus años de pandillero, y en muchas ocasiones deseó su propia muerte.“ Yo quería que fuera mi velorio, porque quería estar con ellos. Me cansé de perder amigos muy queridos, en la vida de la delincuencia”, sostiene.

    Explica que hace aproximadamente un año y medio, su decisión de dejar el mundo de las drogas y la delincuencia fue respaldada por 300 de los jóvenes de la pandilla Amor Dorado, quienes delinquían bajo sus órdenes, y formaron la Fundación Gedeones Dorados en Acción Comunitaria.

    “La gran mayoría está presente aquí, los he traído tanto a hembras como a varones, me siguieron los que creyeron que si pasaban al bien estaban mejor están aquí, los que no vinieron siguieron su vida y andan en el barrio todavía en malos pasos, pero ellos saben que siendo delincuente nadie ha triunfado” dice el expandillero.

    Los Gedeones Dorados es la fundación que hoy dirige Monchy , con la finalidad de lograr que los jóvenes de los barrios que controlaban como pandilla, no caigan en el mundo de la delincuencia y las drogas, y tengan la oportunidad de estudiar para lograr el futuro que en su momento ellos no tenían.

    Un paso difícil
    Regenerarse no ha sido fácil, según cuenta Ramón Vidal, ya que ha tocado muchas puertas, y estas siempre se cierran debido a sus antecedentes penales.
    Sin embargo, afirma que no desmayó en su intento por dejar atrás un mundo que lo mantuvo como esclavo de la violencia y las drogas.

    Señala que siempre ha pensado la posibilidad de que después de su cambio se produzcan represalias de parte de grupos enemigos o de sus propios excompañeros, inconformes con el paso que dio. No obstante, considera que si antes, cuando dirigía la pandilla, estaba dispuesto a morir como una lacra de la sociedad, hoy tiene sentido morir, porque tiene en qué creer.

    Monchy considera que la sociedad ha sido indiferente con el tema de la delincuencia.  Afirma que la misma colectividad, cierra las puertas a personas como él o los jóvenes que le siguen, lo cual obliga a muchos a seguir en el bajo mundo. Se quejó del poco apoyo que le ofrecen  las instituciones oficiales para ayudar en la reinserción de los jóvenes a la sociedad. l

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