INTRODUCCIÓN
Me pareció bueno y pertinente difundir también aquí la entrevista que hizo Apolinar Ramos, director del periódico camino sobre mi relación con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.
I. Apolinar: Monseñor, ¿cómo surge su relación con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM)?
Monseñor De la Rosa: Mi relación con la Madre y Maestra empieza en al año 1970, cuando menos lo esperaba. Un servidor estaba en La Romana de Vicario Cooperador y de Asesor de la Pastoral Juvenil. Mons. Agripino le pide a la Conferencia del Episcopado Dominicano, de quien depende la Madre y Maestra, que quiere un sacerdote para la pastoral universitaria. Se solicita a Mons. Pepén que me envíe. Él accede, pero pone como condición que, dado que hay pocos sacerdotes en la Diócesis de La Altagracia, en mi lugar envíen otro sacerdote. Me comunica la decisión y me dice: Ve a la PUCMM, ponte a disposición de Mons. Agripino para la pastoral y para dar algunas clases también.
Vine. Me encontré con Monseñor Agripino. Él me envía al vice-rector académico. En ese momento era el profesor Ricardo Miniño. Hablamos. Acordamos que yo daría clase de filosofía y psicología. Regreso donde Mons. Pepén y él me dice: Sigue en La Romana hasta que me envíen un sacerdote. Éste no llegó. Ahí se quedó todo.
Treinta y tres años después, el Papa me nombra Arzobispo de Santiago. Entonces llego a la PUCMM como Gran Canciller y Presidente de la Junta de Directores. Veo ahí un signo del Señor: Él quería que yo estuviera más unido a esta universidad.
Pero antes de este servicio actual, mi relación con la PUCMM fue muy estrecha y muy singular.
De presbítero, participé, en 1976, en un estudio, un seminario, sobre la niñez dominicana, cuya coordinación fue confiada al Lic. Víctor Brens. Él me invitó. Tuve una charla sobre la catequesis y la vida religiosa de los niños. Me había especializado en el tema en París. Fue mi primera investigación para la Madre y Maestra.
Luego las relaciones se vuelven más estrechas en Santo Domingo, como Obispo Auxiliar. Así, tanto en el Recinto de Santo Domingo como en el de Santiago, tuve charlas, discursos en las graduaciones e invocaciones.
Otro momento interesante: la Conferencia del Episcopado Dominicano me pidió que acompañara a Mons. Agripino en diferentes diálogos nacionales. Uno de ellos fue para buscar al presidente de la Junta Central Electoral. Se puso los ojos en el Dr. César Estrella Sadhalá. Él aceptó después de muchas conversaciones. Resultó una experiencia muy enriquecedora.
Vale la pena recordar también que, al llegar Mons. Polanco Brito a Higüey en 1975, un servidor era el coordinador y presidente del Concurso Literario de Navidad del Obispado. Propuse que el jurado de ese concurso literario estuviera conformado por los profesores de literatura de la Madre y Maestra. Ahí empezó una nueva relación. Cada año nosotros le enviábamos los trabajos a la Madre y Maestra a los literatos. Después de su veredicto ellos venían a Higüey. Fue una etapa muy bonita. Duró hasta el año 1983, cuando fui enviado a Bogotá al CELAM.
No quiero dejar pasar por alto otra relación muy fecunda con la PUCMM: siendo sacerdote podía presentar a la universidad estudiantes del Este, sobre todo de Higüey, a finales de los 70 y comienzo de los 80. Fueron aceptados todos, resultando muy brillantes. Muchos se quedaron y los he encontrado aquí ya casados. Hay un grupo de residentes higüeyanos en Santiago, que datan de esa época.
II. Apolinar: En cuanto a sus obras literarias, ¿qué apoyo ha recibido de la PUCMM?
Monseñor De la Rosa. Me ha publicado, y le agradezco muchísimo, primero, Ética y Política (1990); después “La Ciencia del Bien y del Mal”. “Fundamentos de la Ética y la Moral” con prólogo de Mons. Agripino (2002); y finalmente “Ética y Valores” (2012), con ocasión del 50º. aniversario de la Fundación de la PUCMM.
III. Apolinar: ¿Y cuál ha sido su acercamiento, desde el punto de vista intelectual con la PUCMM?
Monseñor De la Rosa: En materia intelectual, creo que mi acercamiento, está ligado, sobre todo, a la ética. A mí me llama la atención, –y quiero valorar, cómo a la Madre y Maestra siempre ha tenido mucho interés en la ética y los valores. Un servidor ha sido invitado muchas veces a tocar esa temática en conferencias, seminarios y conversatorios.
IV. Apolinar: Háblenos de su relación con Mons. Agripino Núñez Collado.
Monseñor De la Rosa. Como tú puedes ver, desde mis años de presbítero fuimos muy cercanos. Aprecio enormemente, que siendo presbítero y después como Obispo Auxiliar, me invitara a dar charlas, con mucha frecuencia. Tengo que apreciar mucho de Mons. Agripino que él, con toda la responsabilidad e independencia que tiene, siempre me informa de todo, desde mi nombramiento como Arzobispo.
Mons. Agripino es tan fiel que, incluso cuando va a salir fuera del país, me lo informa. Es un detalle muy significativo. No es que me pide permiso. Él me informa de las decisiones que va a tomar y cuando regresa siempre me lo dice. Es decir, hay un diálogo muy fácil y continuo.
V. Apolinar: Cuando usted llega como Arzobispo de Santiago, ¿le asigna a Monseñor Agripino más funciones en el plano pastoral?
Monseñor De la Rosa: Sí, dado que Mons. Agripino era llamado continuamente a realizar Confirmaciones, lo nombré Provicario General.
VI. Apolinar: ¿cuáles son las funciones del Provicario General?
Monseñor De la Rosa: Las mismas del Arzobispo, en algunos asuntos pastorales. En Santiago tenemos un Vicario General a tiempo completo, Mons. Tobías Cruz; y dos Provicarios Generales, Mons. Agripino y Mons. Vinicio Disla. De esa manera, Mons. Agripino, que recibe muchas solicitudes, sobre todo para confirmaciones, puede ahora hacer las confirmaciones sin tener que pedir autorización al Arzobispo. Él ya era párroco de la Anunciación, pero a mí me pareció muy lógico que asumiera también este otro ministerio.
Además, Mons. Núñez Collado, por razón de su oficio como Rector Magnífico de la PUCMM, hace parte de dos organismos de la Iglesia arquidiocesana muy importantes: el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores, dos organismos claves en la Iglesia, a los cuales acude el Arzobispo y los consulta, antes de tomar decisiones.
VII. Apolinar: ¿Cuáles han sido los principales aportes de la Madre y Maestra a la sociedad dominicana?
Monseñor De la Rosa: Muchísimos. Notemos ahora sólo dos de ellos: ha mantenido la “Excelencia Académica” y su propósito de que todo joven que quiera estudiar en la Madre y Maestra lo pueda hacer, no importando su condición económica. Por eso ha creado el “Crédito Educativo a la Excelencia”.
Consiste en que cualquier joven, con sólo sus buenas notas del bachillerato, pueda acceder a ese crédito. Sus buenas notas son su aval. Toda universidad es muy costosa. Lo que ha hecho la Madre y Maestra es buscar ayudas aquí y allá para crear dicho fondo.
VIII. Apolinar: El Multiuso de la Madre y Maestra se ha convertido en un lugar de encuentros arquidiocesanos. ¿Cómo valora este aporte?
Monseñor De la Rosa: Ha sido muy importante. Antes, las grandes actividades de la Arquidiócesis las hacíamos en la Catedral, pero la cantidad de fieles participantes fue superando ese espacio. Luego nos fuimos al Centro Católico Carismático de Las Charcas. También resultó pequeño con el tiempo. Ahora acudimos al multiuso, donde siempre hemos encontrado una gran disponibilidad de la PUCMM. Gracias a Dios que se hizo este salón. Hemos crecido en la participación de los creyentes, pero también la Madre y Maestra ha crecido en sus instalaciones, abriéndolas al servicio de la Iglesia y de toda la comunidad santiaguera. Aquí celebramos la Misa Crismal, el Encuentro Concierto Pan y Vino, Ordenaciones Sacerdotales y la Pascua Juvenil.
IX. Apolinar: ¿Qué nos puede decir de la Junta de Directores?
Monseñor De la Rosa: Siempre la valoré mucho. Ahora que estoy de presidente de la misma, como Gran Canciller, aprecio aún más el trabajo que realiza. La Conferencia del Episcopado Dominicano confía la misión de la Dirección de la PUCMM a un grupo de laicos. Ahí participamos también tres obispos: El Arzobispo de Santiago como también Monseñor Jesús María de Jesús Moya y Monseñor Fredy Bretón, él, primero por la Provincia Eclesiástica de Santiago y el segundo por la Provincia Eclesiástica de Santo Domingo.
La Junta de Directores es un grupo de laicos excelentes, que dan un apoyo incondicional a la Madre y Maestra. Ese ha sido un factor muy importante para el desarrollo y éxito de la Madre y Maestra. Aportan sus ideas, su tiempo y su economía.
X. Apolinar: ¿Qué significa para usted la distinción que le hace la Madre y Maestra al otorgarle el Doctorado Honoris Causa?
Monseñor De la Rosa: Hay una afirmación de Mons. Agripino que hago mía: “Las distinciones que no se buscan uno debe aceptarlas humildemente”. Te confieso que, de todas maneras, me cuesta aceptarlas. Hay otra expresión que he aprendido en la vida: “Si te hacen un reconocimiento, tú tienes que aceptarlo, por respeto a los otorgantes”. A veces no sabes por qué. Debo decir que en esta distinción he pensado tanto en mi madre. De papá yo aprendí la responsabilidad y el trabajo, pero mamá apreciaba lo universitario, los estudios y nos motivaba para ello. Esta distinción, que me hace la Madre y Maestra, si mamá viviera, le diera a ella el diploma para que lo colgara en su casa, porque ella es la fuente de la misma.
