El país en el escenario internacional

Hasta la llegada al poder del PLD (1996), el país era una suerte de feudo-país aislado que el Presidente Joaquín Balaguer relegaba a su asistencia, parsimoniosa y de bajo perfil (pues, sólo Peña Gómez -de los líderes dominicanos- brillaba y tenía presencia internacional), a las Cumbres Iberoamericanas en donde el viejo caudillo exhibía su sombrero y los alpistes discursivos de una época -de la diplomacia internacional- ya en decadencia y desuso (aunque en la II Cumbre Iberoamericana, Madrid, España-1992, en la que participó y sobresalió por dos particularidades: su longevidad -cual pieza de museo- y la crisis política y de gobernabilidad en Haití (Tras el golpe de Estado –septiembre-1991- a Jean Bertrand Aristide).

El abismo-superación, en ese campo -el de la Política Exterior-, entre el Balaguer del feudo-país aislado, el Leonel Fernández ruptura-apertura hacia el espectro internacional centrado como política de Estado; y el Danilo Medina de la Nueva Política Exterior -estratégica y promisoria-: la procura de posicionamiento geopolítico-comercial y diplomático, es del cielo a la tierra, o más gráfico: pura antípoda política-geográfica-cultural en la proyección del país.

Y si quisiéramos encontrar dos momentos fulgurantes y de desafíos -de lo que se inauguró en 1996 y 2014- bastarían dos eventos claves de esa travesía en la construcción de una diplomacia de más presencia y protagonismo: a) la apertura de las relaciones políticas-diplomáticas con Cuba (1998); y b) la encerrona-calumnia de trama internacional (con aliados estratégicos internos) en la intención aviesa de vendernos y proyectarnos como un país racista-xenófobo (post sentencia 168-13; y su correlato-salida: Ley 169-14, para conjurar y salir al frente a la lapidación-condena internacional del país -2013-2016-).

Ambos momentos, han marcado los derroteros de la Nueva Política Exterior del país, bajo la actual administración, y han sido dos pujantes desafíos a nuestra soberanía y a la implementación de una política migratoria -a partir de la legislación nacional y de nuestra Carta Magna-; pero en sintonía con el derecho internacional -en materia de respeto a los Derechos Humanos- en el sentido universal de procurar migración “organizada y ordenada”.

Hoy el país exhibe, indudablemente, una diplomacia más proactiva y estratégica en el posicionamiento comercial del país. Ya no se trata solamente de tener discurso y presencia. Si no, también, de jugar el rol de liderazgo que el tamaño de nuestra economía -y nuestra privilegiada ubicación geográfica en el Caribe- nos demanda ejercer con sentido de oportunidad; pero de peso geopolítico (como lo está reflejando el papel de país-mediador en la crisis venezolana y el impulso-liderazgo exhibido-reconocido SICA-2013, y su proyección 2018).

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