Un mártir que se le escondió a la historia (1)

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La historia es una secuencia cronológica de acontecimientos del pasado y como ciencia tiene sus órdenes y esquemas. Pero en el acontecer, hay millones de fragmentos que no se registran y dispersos se van a la tumba con quienes los poseen, protagonistas o testigos importantes de esos mismos hechos. La historia reciente no ha sido justa con Rufino de la Cruz Disla, conductor del Land Rover placas J-19488, cedido por René Bournigal, utilizado por las Mariposas de Salcedo en sus últimas visitas a los cónyuges prisioneros. En él se realizaron dos viajes anteriores, para acudir a las cárceles donde guardaban prisión los esposos de las hermanas Minerva María Argentina (marzo 12, 1927), Patria Mercedes (febrero 27,1924) y Antonia María Teresa Mirabal Reyes (octubre 15, 1935), hasta el fatídico viaje en que fueron asesinadas.

Rufino de la Cruz Disla nació en San José de Conuco, del entonces Salcedo, el 16 de noviembre del 1923. Dedicado a labores agrícolas en terrenos de la familia, en las primeras etapas de su vida, que transcurre como para todo niño y joven de la zona rural del país de esa época. Se supera, se hace mecánico y conductor de vehículos y se casa el 18 de diciembre del ‘48 con Delisa González Pantaleón. De esa unión nace en 1950, su única hija, Miledys de la Cruz González, quién aun vive, en la que por años fue una destartalada casa familiar, “que parece nunca haber sido pintada, con piso de madera cubierto de un gastado linóleo”, ubicada a unos 300 metros del museo de Ojo de Agua, que subsistió cubierta de olvido oficial y ciudadano. Todo indica que Rufino mantenía una estrecha relación de amistad con la familia que creara Enrique Mirabal Fernández, comerciante y hacendado, y Mercedes Reyes Camilo (Chea). Miembros del Movimiento 14 de Junio aseguran que De la Cruz Disla tenía militancia marginal, discreta, y su decisión de acompañar a las Mirabal en sus viajes finales obedece a que la dirigencia clandestina lo había colocado para protegerlas en sus frecuentes desplazamientos. Existía en los días previos al asesinato, un persistente rumor de que Trujillo tramaba algo para asesinar a Minerva, fundadora y eje motivador del movimiento conspirativo. Rufino de la Cruz no fue un simple chofer al que se le pagaba, sino un comprometido consciente que a pesar del rumor de que algo se tramaba contra Minerva, no se acobardó y las condujo en sus viajes. El régimen conocía la importancia de ella en los planes conspirativos contra el sátrapa de San Cristóbal. Al final de la tarde del 25 de noviembre del 1960, a cinco meses y cinco días de la muerte de Trujillo, cerca del Puente de Mara Picá a poca distancia de La Cumbre y de una casa poco utilizada que Trujillo tenía en la carretera de montaña Santiago-Puerto Plata, la muerte se materializa de forma brutal.

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