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El accionar de los partidos políticos en la República Dominicana, ha demostrado que, en tiempos de campaña electoral, el ciudadano es una mercancía que se vende y se compra. En consecuencia, la calidad de la democracia es cada vez más precaria debido a que son los partidos, agrupaciones y movimientos políticos la base de su sustento.

Desde antes que la Junta Central Electoral autorice la apertura de la campaña, los aspirantes a participar en la contienda electoral no se ocupan de armar un equipo de técnicos y consultar al pueblo para hacer una buena propuesta. Lo que hacen es comenzar a recorrer el territorio ofreciendo regalos a cambio de que se vote a su favor.

Lejos de presentarse como un aspirante a ser un legítimo representante del pueblo, se presenta como un mercader de la política, donde el votante es visto sólo como una mercancía que está en venta.

Durante las campañas electorales, lo más importante, no es la presentación del programa de gobierno en asambleas populares, los partidos políticos basan su éxito electoral en su capacidad para ofrecer favores o ventajas para sus militantes, como una forma de comprometerlos o vincularlos a sus aspiraciones.

En la práctica, las elecciones en la República Dominicana se ganan en base a campañas electorales donde representantes y representados responden a sus propios intereses individuales. Lo colectivo no importa. El cliente busca el favor, el clientelista busca el voto. Esto constituye un golpe mortal a la democracia.

El problema aquí está en que al momento de contar los votos, el obtenido con prácticas clientelares, tiene la misma legalidad que el voto que fue emitido de forma consciente. En los partidos políticos tradicionales, se ha visto que en una precampaña entre candidatos del mismo partido, las tendencias suelen seleccionar al candidato con mayor fuerza clientelar y no el que tiene las mejores ideas o propuestas.

Es tiempo de que los partidos políticos asuman propuestas programáticas para convencer a las masas a votar por ellos y abandonen de una vez y por todas las prácticas clientelares.

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