Celia Cruz con La Sonora Matancera

Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe

En la ciudad de Matanzas, Cuba, el 12 de enero de 1924 comenzó a dar sus primeros pasos una agrupación sonera que adquirió resonancia internacional. A iniciativa del músico Valentín Cané, surgió La Tuna Liberal, la que dos años después, con la entrada de Rogelio Martínez, se convirtió en la Estudiantina Sonora Matancera, y finalmente, en 1932, asumió el nombre de Sonora Matancera.

En los años que siguieron, voces de alto calibre actuaron al frente del conjunto. Daniel Santos (1916-1992), uno de los artistas más populares de América, contribuyó en gran medida a que la Sonora Matancera saltara a los primeros planos del mercado de la música bailable en todo el continente; Celio González hizo de sus versiones de «Vendaval sin rumbo» y «Total» verdaderas piezas clásicas en el repertorio de La Sonora; y Alberto Beltrán, dejó en la memoria musical americana su inmortal interpretación del merengue de Héctor Díaz y Medardo Guzmán, «El negrito del batey».

Fueron estos algunos de los artistas que hicieron historia al frente del mítico conjunto, y fue a ese encumbrado puesto al que llegó Celia Cruz (1925-2003) para unirse a la larga lista de imprescindibles de la música cubana. Su inicio en la discografía de esa época legendaria se produjo el 15 de diciembre de 1950, fecha en la que Celia grabó la Guaracha Cao, cao, maní picao, de Carbó Menéndez, que aparece en el corte número uno de este disco increíble del sello «Tumbao Cuban Classics».

Es a partir de ese momento, y de la gran popularidad que llegó a adquirir su versión, que Celia Cruz se impuso con la Sonora Matancera, e inicia una carrera que duró más de medio siglo. En este disco increíble, Celia Cruz, aparece con veinte piezas, la mayoría de las cuales son guarachas, un género que había aparecido en Cuba en los primeros años del siglo XIX como una forma alegre de canción en la que los textos giraban por lo general en torno a sucesos jocosos.

Ese estilo de canción que utilizó la célula de la habanera o el ritmo de tango comenzó a sustituir las tiranas, las seguidillas, boleras etc. que en el teatro vernáculo se cantaban en los entreactos. La Guaracha siguió su curso, se apartó del ámbito teatral y en la primera mitad del siglo XX se convirtió en uno de los géneros más populares de la música bailable cubana.

Celia Cruz, durante sus primeros años de vida, participó en el conjunto vocal llamado «Botón de Oro», una de las primeras agrupaciones que la memoria recoge, y ya adolescente, en 1940, su talento y empeño se vieron estimulados por el concurso de aficionados que organizaba Radio García Serra y que llamaban “La hora del té”. Allí obtuvo el primer premio y un buen empujón para continuar, así llegó después a uno de los programas más populares de la televisión cubana por esos años: «La Corte Suprema del Arte», un espacio en el que se dieron a conocer muchísimas figuras que alcanzaron fama y prestigio en los escenarios de Cuba y el mundo.

En ese programa Celia Cruz alcanzó el primer premio cantando un tango de Enrique Cadímaco titulado Nostalgias y esto le abrió las puertas para trabajar con diversas agrupaciones, entre las cuales estuvo el conjunto Siboney, que fundó Isolina Carrillo y al cual pertenecía por entonces otra de las grandes voces de Cuba: Olga Guillot.

Celia trabajó también por esos años iniciales con la Orquesta de Ernesto Duarte, con la «Gloria Matancera», con la «Sonora Caracas» y con la «Orquesta Anacaona», agrupación con la que se presentó exitosamente en los Carnavales de Maracaibo. Desde 1947 se presentó con frecuencia en los más importantes centros nocturnos de La Habana, entre ellos «Tropicana», «Sans Souci» y «Montmartre»; sin embargo, su gran momento, su verdadera y definitiva consagración ante el público cubano le llegó junto a la «Sonora Matancera», y su primer hit fue la mencionada guaracha Cao, cao, maní picao, del compositor santiaguero.

La grabación se realizó en 1950 en los estudios CMQ, en La Habana, y de inmediato se colocó en el tope de la popularidad, lo cual estimuló a los ejecutivos del sello discográfico Seeco para que le firmaran a Celia el primer contrato de gran relevancia en su carrera. Esta grabación, y otras de la época, están recogidas en un disco compacto editado por el sello Tumbao Cuban Classics (TCD-091) que tiene por título: «Celia Cruz con la Sonora Matancera. La Guarachera de Cuba».

Celia, al integrarse a la «Sonora», tuvo un gran reto, ella ocupó el lugar que dejó nada más y nada menos que la popularísima Myrta Silva, la puertorriqueña que se ganó al público cubano desde los primeros años de la década del cuarenta, cuando llegaron a la isla sus primeras grabaciones con el Cuarteto Victoria, de Rafael Hernández, y con las Orquestas de Julio Roqué, y Moncho Usera; después, establecida en La Habana, las Guarachas de Myrta Silva con la «Sonora Matancera» hicieron furor, así que cuando Celia la sustituyó debió convencer con muy buenos argumentos a un público que seguía con vehemencia a la gran artista boricua.

La guaracha, un género de la música cubana que estuvo ligado en el siglo XIX al teatro bufo y que ya en el XX se había transformado y formaba parte del repertorio que se interpretaba en los salones de baile, se convirtió en el modo de expresión más acabado en la carrera de Celia Cruz, fue ella una de las artistas que con más acierto manejó el género y ya desde sus inicios grabó infinidad de piezas en ese estilo. Esto, por supuesto, en un músico cubano, no es una afirmación absoluta, Celia grabó todos los géneros, estaba muy bien capacitada para hacer tanto un bolero, como un bolero-mambo, una guajira-mambo, un cha-cha-chá o un son, Celia era magnífica en cualquiera de los muchos géneros de la música cubana, pero las guarachas las hacía como nadie. Ese sentido picaresco, ágil, que tiene la guaracha, el ritmo acelerado, un poco más vivo que el son, en el que se describen personajes y situaciones humorísticas Celia lo trató de una manera excepcional. Desde aquella primera grabación con la «Sonora Matancera» Celia se ganó muchos apelativos por su calidad como intérprete de la música cubana: «La Máxima Rumbera», «La Diosa del Ritmo», pero ninguno le sentó mejor que «La Guarachera de Cuba».

Trabajó hasta el final de sus días, hizo música cubana, lo que mejor sabía hacer, hizo revivir la guaracha, el son, el bolero y el mambo por todo el mundo. Fuera de Cuba Celia Cruz propició que se reactivara la música cubana en los mercados, un mercado del cual quedaron excluidos casi totalmente los músicos que viven en la isla. Por disentir Celia fue desterrada; sin embargo, el mundo la acogió con los brazos abiertos, compró millones de sus discos, y llenó los cientos de lugares en los que se presentó durante más de cuarenta años. Celia fue, durante más de tres décadas, la más cercana referencia de la cultura cubana que tuvieron millones de personas a través del mundo.l


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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected]
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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