Simón Bolívar confiscó bienes españoles para sostener la República y la guerra de independencia; hizo que bienes de dominio español beneficiaran a la Hacienda Pública, reforzando el financiamiento de la causa independentista.
Los Palmeros, durante los años de Balaguer, fueron acusados de realizar asaltos para financiar la lucha revolucionaria, incluido el del Royal Bank of Canadá en Naco el 8/11/1971. Para sus integrantes, ese dinero no representaba riqueza personal, sino un recurso político. Esta visión incluso reconoció Neit Nivar Seijas en una entrevista concedida a Orlando Martínez para la revista Ahora.
En este filme, su mayor debilidad es justificar al protagonista Lucio. La película se inspira en la vida de Lucio Urtubia. Él llevó a cabo una legendaria operación de falsificación en París que lo puso como objetivo del Citibank, el mayor de EE. UU. Urtubia obtuvo una enorme cantidad de dinero falsificando cheques de viaje para invertir en causas en las que creía.
Tanto Los Palmeros como Lucio Urtubia defendieron la idea de que el dinero obtenido en actividades insurgentes debía ponerse al servicio de una causa política y no del enriquecimiento personal. La diferencia es que los primeros actuaron como revolucionarios dominicanos, mientras que Urtubia lo hizo desde una estrategia anarquista internacional.
El filme se dirige a justificar estas acciones y no da espacio para explorar las contradicciones de sus actos, de una reflexión política compleja. El espectador comprende sus motivaciones, pero rara vez se enfrenta a los dilemas éticos que estas plantean. Así, resulta una obra sugestiva pero intelectualmente prudente: entiende que ninguna revolución se sostiene sin recursos, pero evita preguntarse si la forma de obtenerlos puede alterar moralmente la causa que defiende. Habla de anarquismo, de insurrección y de resistencia, pero evita la incomodidad que define a toda verdadera obra política.
Entiende perfectamente que ninguna revolución se hace sin dinero. Lo que no se atreve a examinar con la misma valentía es si el origen de ese dinero puede transformar moralmente la causa que pretende sostener. Y esa ausencia termina siendo más reveladora que cualquiera de sus atracos. Eso sí, plantea una pregunta que atraviesa nuestra historia política: ¿cómo se financia una causa que pretende desafiar al poder establecido? No obstante, tengo una objeción cinematográfica.
El montaje no investiga; argumenta. No cuestiona; persuade. No utiliza la edición para abrir un conflicto moral, sino para cerrarlo. La película elimina cualquier ambigüedad. Así, funciona más como coartada narrativa que como una herramienta de reflexión.
En Netflix. l HHH Género: drama biográfico. Duración: 111 minutos.
