Ripley

No es una iteración del filme The Talented Mr. Ripley, de 1999. Mientras el filme tiene como sinopsis: A fines de la década de 1950, Tom Ripley, un joven de bajo rendimiento, es enviado a Italia para recuperar a un playboy millonario. Pero cuando la misión falla, Ripley toma medidas extremas. En esta miniserie, un estafador llamado Ripley vive en Nueva York durante los años 60. Es contratado por un hombre adinerado para iniciar una compleja vida de engaños, fraudes y asesinatos.   Comparativamente, la miniserie es un éxtasis con una estética monocromática y narrativa introspectiva que ofrece una calculada visión del personaje de frialdad acentuada, sobre todo en su naturaleza amoral. A diferencia del filme, que enfoca conflicto emocional y tensión psicológica y humaniza a Ripley con sus dilemas internos, la miniserie nos lo presenta como un depredador meticuloso, resaltando su atemporalidad como símbolo del engaño sofisticado. Ahí tenemos dos perspectivas estilísticas y morales marcadamente distintas. Desde el primer episodio, de ocho, asistimos a la construcción ante nuestros ojos de una identidad del engaño. Ripley no busca beneficio material per se; su gusto, lo que se goza, es el ejercicio del artificio que afirma su astucia sobre el otro. Sentirse acorralado lo deprime, lo desconforma; su existencia emocional y psíquica se establece en la medida en que tiene éxito con la máscara que elige ante los demás. No es un estafador cualquiera, es un jugador de identidades cuya ética sucumbe en su requintada estética del artificio. El guión va desgajando por capas una identidad que procura el engaño en su juego existencial y dominar es su signo. Ejerce el poder con sutileza y, si se ve acorralado, responde con el crimen en total frialdad para que todo a su alrededor esté bajo la sombra de su propia narrativa. Un jugador ontológico cuya atemporalidad reside en aquella socorrida universalidad de dominar sin que se sepa que se es el sostenedor de los hilos. El estilo es meticuloso. La tensión psicológica y el uso del suspense visual, especialmente la “ironía dramática”, se manifiestan en cada minuto como una exhibición del dominio en la creación de atmósferas. Como público, ya sabemos el peligro que representa Ripley. Y todo nos retrotrae a Hitchcock, cosas tales como la estética en blanco y negro, encuadres calculados, ritmo pausado y la exploración de la mente criminal como en Psicosis, donde el villano nos atrae e inquieta. La cinematografía matizada por el estilo estético del pintor Caravaggio es alucinante. En Netflix.

HHHHH Género: thriller psicológico. Duración: 8 episodios, 60 minutos cada uno.

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