Tras una trayectoria que lo llevó de Puerto Plata a Santo Domingo y posteriormente a México, Miguel Oniel regresa a República Dominicana después de casi cuatro años dedicados a la proyección internacional del teatro dominicano. El actor, dramaturgo y director ha consolidado su obra en escenarios que van desde Brooklyn hasta Cancún y Atlanta, con el desarrollo de un lenguaje artístico que integra teatro, literatura y cine desde una perspectiva caribeña contemporánea. Oniel retorna al país con el propósito de compartir con la audiencia local las narrativas que ha desarrollado en el exterior. Su regreso representa tanto una reintegración al panorama cultural nacional como una apuesta por el fortalecimiento del teatro dominicano desde su propio territorio.
Puerto Plata, Santo Domingo y luego México, ahora de regreso al país, ¿qué trae consigo el artista que vuelve transformado?
Tengo muchas ganas de hacer, decir y compartir las historias que he creado, pero ahora desde aquí y para mi gente de aquí. Llevo casi cuatro años exportando teatro dominicano y mucha gente se preguntaba por qué esas obras que hablan de la idiosincrasia nacional no las han podido disfrutar los dominicanos en el país, y bueno, llegó la hora de hacerlo. Vine a ser profeta en mi tierra.
¿Tu carrera sugiere que el artista caribeño contemporáneo debe ser nómada. Es estrategia creativa o necesidad de supervivencia?
No sé si es cuestión del deber ser, pero al menos mi experiencia ha sido siempre la de una persona en movimiento. Yo nací en Santo Domingo y al año me llevaron a Puerto Plata, y ahí crecí. Luego regresé a la capital para estudiar y después salí del país por estudios y emprendí proyectos de teatro fuera. Más que una estrategia han sido mis circunstancias, mi vida y mi carrera se han tejido con el movimiento. Por eso admiro tanto a los migrantes. Es la necesidad de expresarme en esas etapas lo que me ha llevado a hacer arte también con eso.
Entre todas tus disciplinas, ¿cuál te enseñó más sobre las otras?
Mi tronco será siempre el teatro, que por algo se mantiene de pie después de tantos siglos. Le debo la capacidad de concebir imágenes, la imaginación, la caracterización, el uso de la estética como herramienta de comunicación, la atmósfera, el movimiento, e incluso a nivel personal, la persistencia.
Brooklyn reconoce tu literatura, pero llevas 15 años haciendo teatro. ¿Cómo se siente ser descubierto por algo que no era tu plan original?
Genial, miraba con mucho respeto la narrativa, recién este año la empecé a explorar aunque me sentía ajeno a ese mundo, un impostor. Y resulta que es un lenguaje con el que me he sentido muy cómodo también, al parecer lo que he escrito y cómo lo escribo a alguien le ha gustado. Me siento muy feliz.
“También se migra por ser” plantea una migración más allá de lo económico. ¿Cuál es esa migración que el Caribe necesita entender?
Aunque con sus excepciones, en América y el Caribe todavía cuesta entender que todos los habitantes de un territorio tienen derecho a la felicidad. Aunque se ha avanzado en materia de diversidad, todavía hay personas que se van de nuestro país porque no se sienten parte y eso es triste. Gente preparada, profesionales con mucho que ofrecerle al país. También se migra por ser es el testimonio de 5 inmigrantes dominicanos de la comunidad LGTBIQ+ que han encontrado en otros países la aceptación que su propio país les niega.
Codrama surge en un momento de renovación teatral dominicana. ¿Qué están proponiendo que no existía antes?
Nuevas miradas, nuevos temas, nuevas sensibilidades, la escena teatral dominicana es cada vez más rica, diversa y está en constante renovación. En los últimos años los más jóvenes estamos poniendo sobre la mesa reflexiones importantes propias de nuestro tiempo y eso es valiosísimo, porque el arte no puede ser ajeno al presente. Lo lindo de Codrama es que se construyó desde esa diversidad.
Tu teatro viaja de Cancún a Atlanta, pero regresas a Santo Domingo. ¿Qué conversación pendiente tienes con tu ciudad natal?
Muchas, yo en los períodos que he estado fuera nunca me he desconectado de mi país y de mi ciudad, y aunque en este tiempo se han producido textos míos la verdad es que tengo mucho deseo de ser yo quien comunique lo que como autor concebí. Me siento feliz de haber llegado a esos territorios y ahora estoy muy feliz de estar de nuevo aquí.
¿Cómo decides si una historia necesita ser teatro, cine o literatura?
Te pasa que a la hora de escribir, me viene el medio antes que la historia, es decir, tengo una idea y con ella viene el lenguaje en el que me quiero expresar. Concibo esas herramientas como los diferentes idiomas en los que puedes comunicar una misma idea.
Produces arte en tres países simultáneamente. ¿El artista multidisciplinario del siglo XXI es necesariamente transnacional?
No es un secreto que vivimos en un mundo que lleva años globalizado y que desdibuja cada vez más las líneas de lo que reconocemos como arte nacional, hacemos contenido para un mercado pero nunca sabemos dónde es que eso va a pegar. A veces en el arte uno empieza hablando de uno y termina hablando de alguien más o viceversa. En ese sentido, tengo claro de mí (porque no me atrevería a definir a los demás artistas) que a la vez que quiero hacer un arte universal que conecte con personas de distintos países, nunca dejo de hablar de quién soy y de dónde vengo. Aunque esté en Pekín o en Namibia, la gente va a ver mis raíces.
Entre dirigir a García Lorca y crear personajes como Guardaespaldas, ¿dónde te sientes más cómodo: interpretando tradición o inventando futuro?
Definitivamente poniendo en escena mi mirada, no importa si es a través de un clásico o de dramaturgia propia, procuro hacerlo incluso cuando interpretó algún clásico. Aquí en el país versioné a Sófocles, a Shakespeare y otros más, pero siempre pasan por la mirada de mis propias inquietudes.
Si pudieras transmitir una sola idea sobre el arte caribeño contemporáneo al mundo: ¿cuál sería?
Que somos demasiado. Y en ese “demasiado” cabe todo: la risa y el duelo, la memoria y el futuro, la rabia y el baile. Crecemos con un pie en la orilla y otro en el horizonte, siempre preguntándonos qué hay detrás, inventando lenguajes propios, cuestionando toda la herencia colonial, y diciendo, sin pedir permiso, que existimos y que no importan los huracanes, no vamos a desaparecer.
Identidad
Nunca dejo de hablar de quién yo soy y de dónde vengo. Aunque esté en Pekín o en Namibia, la gente va a ver mis raíces…”
Reflexión
Somos demasiado. Y en ese ‘demasiado’ cabe todo: la risa y el duelo, la memoria y el futuro, la rabia y el baile…”
