PUBLICIDAD X
CONTINUAR A ELCARIBE.COM.DO

René Descartes, Baruj Spinoza y Gottfried Leibniz forman el trío de teóricos filosóficos conocidos como los racionalistas. Más famosos que Los Panchos, aunque hayan sonado menos.

La Filosofía sirve para mejor pensar, ergo, mejor vivir. Por eso la han quitao del medio, ¿o no? Es mejor con un Ejército de “pedazo e carne con ojos” que no piense porque los ignorantes solo obedecen órdenes.

Todo lo que se ha hecho e inventado tiene que ver con el pensamiento humano que es el único animal capaz de razonar. Detrás de la fabricación de un lapicero, una cajita de fósforo, una chancleta hasta un celular, está la decisión de una reflexión del cerebro del homo sapiens.

Pero también en el desarrollo de las sociedades. Las mejores son las que leen porque piensan bien y confrontan ideas.

Desde siempre el ser humano ha elaborado propuestas para vivir en armonía cuando se junta en conglomerados, aunque muchas de esas reflexiones tendían al dominio de unos sobre otros con mecanismos políticos, religiosos o militares. Por la buena o por la mala.

Los filósofos se han dedicado a buscarle la vuelta al vivir humano, a explicar el sentido y origen de todo, y para ello usan unos conceptos y lenguaraje que la gente común no entiende.

Baruj Spinoza, un holandés que vivió poco, de 1632 al 1677, se dedicó a analizar la reglamentación del comportamiento del humano y con tan solo 31 años publicó su primer libro: “Principia Philosophiae Cartesianae”. Para 1670 publicó el segundo, “Tractatus Politicus-Theologico”. Sin embargo, su gran obra es la “Ethica”.

Para llegar a sus formulaciones tuvo que leer casi todo lo existente, que es como funciona el asunto para que lo que venga supere lo anterior y el mundo avance, supere la carnicería y conviva en paz sin tener que joder a nadie con sus modelos y sus imposiciones a la fuerza. En la filosofía de Marx se explica esto bajo el tema de la dialéctica.

Baruj discutía con sus amigos, tan vagos y locos como él, temas que luego le servirían para sus conclusiones, como los debates sobre el mal y la Biblia que sostuvo con Johannes Bouwmeester o sobre la unicidad de Dios con Johannes Hudde y con Lamberto van Velthuysen. Con Boxel sobre los espíritus y con Tschirnhaus sobre el método.

Y las espinas empezaron con el Tratado Teológico-Político al punto que el gobierno lo prohibió, a pesar de acoger pensadores y perseguidos por cuestiones religiosas. Existían en esa época 250 imprentas en Ámsterdam, de donde manaban los libros y el pensamiento como ráfagas de viento.

El curso de la Filosofía que también es ciencia, ha sido una batalla de luces contra la oscuridad de la ignorancia, como recién se probó a propósito de la negación de la vacuna contra el covid-19 y que a un candidato evangélico le costó la presidencia por el saldo de más de 600 mil muertos evitables.

Cuando en 1665 Spinoza tiene su libro “Ética” listo para imprimir, se corrió el rumor de que él trataba de demostrar que Dios no existe y tuvo que detener la publicación para evitar lo colgaran por los bolsillos. Él se lo explica a su amigo Henry Oldenburg así:

“…En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Ámsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y que yo intentaba demostrar en él que no existe Dios, y muchos daban crédito a ese rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse contra mí ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cuál era mi opinión. Pero el asunto parece ir cada día a peor y por tanto no sé qué hacer…”

¿Pero por qué la “Ethica” es tan importante? Este libro de 300 y algo de páginas se divide en cinco partes como lo expone el propio Spinoza en la portada misma de la obra:

1.De Dios
2.De la naturaleza y origen del alma
3.Del origen de la naturaleza de las afecciones
4.De la servidumbre del hombre o de las fuerzas de las afecciones.
5.De la potencia del entendimiento o de la libertad del hombre.

Estas cinco partes incluye, con más profundidad, sus enfoques esbozados en el Tratados Teológico-Político, sobre el Estado Democrático, la libertad de comunicación y expresión como esencia y la liberación de las pasiones, como amor intelectual, libertad y felicidad. Esto es mucho antes que el “liberté, egalité et fraternité” de la Revolución Francesa. La primera y segunda parte trata de los fundamentos metafísicos y epistemológicos. En la tercera y cuarta, sobre la impotencia o esclavitud del alma y la la potencia de la razón. En la quinta parte, la libertad del alma. Define “al hombre caracterizado por la imaginación y la razón…”. “…solo por el conocimiento del alma determinamos todo aquello que se refiere a la felicidad…”, siempre basándose en la metafísica y la física.

Dios, para Spinoza, es la sustancia infinita, la naturaleza total, de la que todo procede y a la que todo se refiere, cosa que muy pocos han entendido y por eso Einstein lo asumió. No es un dios hombre, con ojos en cada rincón, ni orejas por todos lados. La brevedad de su vida no le permitió defender y ampliar estos conceptos.

Thomas Hobbes, en su “Leviathan” (materia, forma y poder de un Estado eclesiástico y civil) define la religión como una superstición.

En Spinoza hay una insistencia sobre la democracia, la tolerancia. Existir significa existir con otros, ser una criatura finita junto a otras criaturas finitas.

La muerte viene de fuera, toda cosa quiere seguir como el principio de inercia y no dialéctico. El mundo está hecho a la medida del ser humano. Es la filosofía del encuentro aleatorio o el materialismo aleatorio contra el materialismo dialéctico.

“Cuando tenemos un encuentro con algo o con alguien que sea contradictorio con nuestra potencia, esa potencia disminuye, es la pasión triste. La tristeza es el paso de la potencia de un grado de una incidencia mayor a una menor. La alegría no es un activo, se da por circunstancia externa de la fortuna, no está en nuestro poder. Son pasivos frente al azar que procura buenos encuentros o malos encuentros”.

Spínoza hace énfasis en esto de las pasiones, tristeza, amor, odio, pero también ira, generosidad, venganza, ambición, celos, que es el fundamento para la política. Lo que mueve al ser humano, dice, no es precisamente la justicia, la tolerancia, la solidaridad, son las pasiones. Explica Spinoza que los filósofos nunca entendieron la política.

La ética consiste en pasar de alegrías pasivas, que son inevitables a alegrías activas, o sea en las que yo soy la causa. Las dos vías que Spinoza define para llegar a la vida buena: la Filosofía y la Política (vista como el arte de servir). Hoy día es imprescindible agregar la Psicología, que estudia esas pasiones de Spinoza para entender la Política y su rastro: la Historia.

La ética es lograr encuentros que potencien potencias y eviten aquellas que la disminuyen. Hay que tener la prudencia de evitar lo que me descompone.

Hay que partir, en política, por lo que hay, no por lo que no hay, que es algo infinito. Con lo que hay se plantea cómo debe potencializarse, cómo aumentar, cómo crecer o mejorar. Para Spinoza, la mejor forma de convivir es la democracia. El Tratado Político es un manifiesto sobre la libertad de expresión, la libertad de filosofar, si la suprimimos, eliminamos la paz del Estado y la religión.

Spinoza es el filósofo de la alegría y no era ni cómico, ni tenía espinas clavadas, aunque le clavó muchas a los fanáticos de toda índole.

Posted in Cultura
agency orquidea

Más contenido por José Mercader