El 31 de enero de 1968 aparecia en el periodico El Caribe un escrito firmado por Álvaro Arvelo sobre el centro de gastroenterología propiedad del docor Pablo Iñíguez.
El primer Centro de Gastroenterología del país comenzó a operar en esta capital con los principales adelantos científicos, entre ellos la aplicación de la Medicina Nuclear.
El centro médico especializado, ubicado en la prolongación de la avenida Bolívar, tiene entre varios objetivos el de contribuir a la formación de gastroenterólogos.
Dirigido por el doctor Pablo Iñíguez, uno de los especialistas dominicanos en vías digestivas, el Centro cuenta con un equipo de profesionales en diversas ramas y los más modernos equipos.
La Medicina Nuclear es una de las terapias más avanzadas de la época.
Junto al doctor Iñíguez laboran allí los médicos Francisco Hernández, en cirugía; Sixto Incháustegui, en alergología; Fernando Houllemont en Medicina interna y cardiología.
También la doctora Iñíguez de Nuño, quien tiene a su cargo la Medicina Nuclear.
A la cabeza de las atenciones de gastroenterología se encuentra el propio doctor Iñíguez, acompañado del doctor Eduardo Álvarez y el doctor Rafael Gautreau como asistente.
Las asistencias de la Medicina Nuclear se realizan con isótopos radioactivos.
El Centro posee un laboratorio equipado con modernos instrumentos, dirigidos por el señor Jaime Enrique de Marchena.
Posee además un departamento de Rayos X con dos unidades Klinographicas Siemens con trabajo simultáneo, lo que reducirá a la mitad las horas de espera de los pacientes en turnos para exámenes radiológicos.
El departamento de endoscopia lleva el nombre de Rudolf Schindler, inventor del Gastroscopio Flexible, quien fuera profesor del doctor Iñiguez y amigo personal.
Otra parte del Centro aloja una Sala de Conferencias, que será aprovechada para las reuniones de la Sociedad Dominicana de Gastroenterología.
La sala se denomina profesor Henry Tumen, eminente profesor universitario de Filadelfia, quien ha sido orientador de muchos estudiantes dominicanos.
El moderno edificio del Centro, de dos plantas, fue diseñado y construido por el arquitecto Héctor Iñiguez y el ingeniero Manuel Nuño Ricart.
Considera el doctor Iñíguez que “para que un Centro de Gastroenterología pueda realizar el estudio de las enfermedades digestivas y sus problemas afines de manera centralizada, y a la vez contribuir a la formación de futuros gastroenterólogos, es indispensable reunir, además de los gastroenterólogos, otros especialistas que aporten sus conocimientos en diversas ramas de la medicina que están íntimamente relacionadas”.
Manifestó ayer el doctor Iñíguez que uno de sus mayores deseos es formar nuevos gastroenterólogos “que aprendan lo que podamos brindarles”.
Considera que se ha podido reunir esta vez “figuras representativas del más alto nivel científico del país y valores jóvenes que estarán ligados al futuro de nuestra medicina”.
Sobre el doctor Pablo Iñiguez agregamos que durante más de diez años publicó en la Revista Acta Médica Dominicana la sección Extra Med, en donde trataba sobre temas científicos o culturales fuera del ámbito estrictamente médico. Esa es una de sus facetas más relevantes, ya que escribió 9 libros muy interesantes. Su primer libro “Simplemente un rayo de luz” hace un recorrido por el conocimiento científico desde los griegos hasta la teoría de la relatividad. En la “Dialéctica del biocosmos” ofrece originales ideas sobre el origen de la vida. Otro apasionante libro del Dr. Iñíguez fue “Desde el hombre de Neanderthal hasta el Renacimiento”, dedicado al Dr. Nicolás Pichardo. Su último libro “Del big bang al biocosmos” trata temas de física cuántica y hace referencias al ser humano. Fue un melómano, pianista y ajedrecista. Los que fuimos sus alumnos recordamos con gran respeto y admiración sus clases.
