Gladis Acosta Soto
Especial para elCaribe
A la llegada de los europeos a América, los taínos desarrollaron una cultura propia que de una u otra manera reflejaba cómo estos se comportaban en su diario vivir y como convivían entre sí. Cada una de estas costumbres permite comprender la forma cómo nuestros ancestros percibían el mundo y como diseñaban estrategias políticas, para poder sobrevivir. Temas relacionados con la naturaleza y con entes espirituales comprenden un universo sorprendente en la vida de cada indígena, y esto se puede observar en la obra escrita por fray Ramón Pané, quien a finales del siglo XV y por petición de Cristóbal Colón, redactó un testimonio importante y fundamental para conocer las costumbres y creencias de los indios. Este escrito no solo se enfoca en la llamada “evangelización de los indios”, hay elementos que como lectores percibimos y que nos hacen relacionarlos entre sí.
La cosmovisión, es de estos elementos más notables y característicos observados dentro del escrito, ya que esta no solo se refiere a un elemento en específico, sino que recurre a un conjunto de creencias y valores, los cuales son respetados por un individuo, grupo o sociedad. Los taínos, específicamente se consideraban como una sociedad con una fuerte orientación espiritual y regidos bajo un sistema de creencias que estaban muy ligadas al mundo espiritual.
“En sus páginas fray Ramón anotó los nombres, funciones y atributos de los dioses taínos y relató lo que los aborígenes pensaban que les sucedía a las almas después de la muerte. Describió las ceremonias de los sacerdotes o behiques y las curaciones que éstos realizaban. Recogió los mitos que le contaron sobre el origen del sol y la luna, la creación del mar y los peces, la aparición del hombre en las islas y la domesticación y aprovechamiento de la yuca” (Pané, 1977, p. 6).
Cada relato descrito por Pané abre camino a un universo extraordinario, el cual no solo comprende la historia narrada desde el punto de vista de un evangelizador, sino que, nos permite conocer cuál era el modo de vivir de cada habitante de nuestra isla. Con una lengua distinta y un modo de vivir organizado, Pané se mezcló con estos y pudo descubrir particularidades que a día de hoy están presentes en nuestra dominicanidad.
La cosmovisión de los indios y la de los españoles de la época no era la misma, y esto es lo maravilloso de esta obra, ya que podemos observar las dos vertientes y analizarlas desde un punto de subjetividad. La creencia de un dios supremo es parecida, la de la concepción de la vida, por igual, pero ¿qué sucede con la percepción que estos tenían sobre la muerte?
“Dicen que durante el día están recluidos, y por la noche salen a pasearse, y que comen de un cierto fruto, que se llama guayaba… y que por la noche se convertían en fruta, y que hacen fiesta, y van juntos con los vivos” (Pané, 1977, p. 36). La vida y la muerte significaban dos cosas distintas, pero cada una marcaba un precedente en las personas. Para los indios, Coaybay era la tierra de los espíritus de los muertos, ubicaban este ligar de manera geográfica y creían que los opías u hupías (espíritus de los muertos) vivían allí, y que de noche salían a recorrer el mundo de los vivos; el hecho de que esta creencia aún permanezca en la sociedad dominicana, me sorprende mucho.
Se cree que los muertos pueden vagar entre los vivos, y que los mismos se encuentran en un “limbo”, hasta que su alma encuentre reposo. De igual forma, se cree que esto lo hacen de noche, buscando manifestarse entre los vivos. “Y los sobredichos muertos no se les aparecen de día, sino siempre de noche; y por eso con gran miedo se atreve alguno a andar solo de noche”. (Pané, 1977, p. 36).
Es común que en la cosmovisión veamos elementos naturales mezclados en las culturas, y la indígena no es la excepción. Su modo de ver la vida le hacía confiar en el proceso de curación ante cualquier enfermedad, y de esto se encargaban los behiques. Para los indígenas, estas personas no solo eran los curanderos, sino que también decían comunicarse con los muertos y podían establecer conexiones más allá de lo físico.
“Hay algunos hombres, que practican entre ellos y se les dice behiques, los cuales hacen engaños, como más adelante diremos, para hacerles creer que hablan con esos [ los muertos]… y que, cuando están enfermos, les quitan el mal, y así los engañan”.
Para el fray, esto significaba un engaño evidente, pero… ¿qué tan efectiva ha sido la manifestación de esta creencia, que a día de hoy esta permanece como parte de nuestra cultura? Y es que los curanderos, son figuras tradicionales de la medicina popular que combinan el uso de las plantas medicinales, el espiritismo y el sincretismo de las raíces taínas y africanas para tratar dolencias físicas y espirituales que siguen presentes en nuestra dominicanidad y queda como parte de nuestra herencia taina.
En todo momento fue claro el cuestionamiento de Pané hacia los indígenas, por su religión, no solo por la rareza de cada uno de sus ritos, sino por sus creencias y devoción a los cemíes, estos eran figuras de piedra, madera o concha que representaban espíritus. Estas figuras estaban presentes en los hogares, en lugares ceremoniales y en el batey. Los mismos eran fundamentales para la vida espiritual de la comunidad.
Entre los rituales representativos, la ceremonia de la cohoba es uno de ellos. Cada ceremonia tenía un fin específico y un procedimiento distinto.
“Otro elemento que formó parte de las ceremonias de los taínos son los inhaladores de la cohoba, polvo alucinógeno. Han sido representados en vasijas diseñadas con dos pequeños tubos. Se estima que se utilizaban para inhalar dicho polvo colocado en su interior como parte del ritual para comunicarse con los dioses. Esta práctica solo la llevaban a cabo el cacique y el bohíque, también llamado behíque”. (Los Taínos: Mitología y Creencias Religiosas – EnciclopediaPR, s. f.)
Este texto nos ilustra a la perfección, y nos invita a reflexionar sobre lo que se encontró en nuestra isla, y sobre aquellas creencias y tradiciones que se intentaron erradicar, pero que, gracias a la herencia cultural, aún permanecen que nuestras prácticas diarias.
Pané tomó elementos sumamente importantes, y estos nos hace entender como los seres humanos podemos estar mezclados de una forma tan extraordinaria, que sin ser entes de una misma época y sin compartir el mismo espacio físico, podemos sentirnos tan atraídos con estos temas. Los hacemos nuestros, lo vemos día a día en la cotidianidad del dominicano, en cada casa, en cada región, en cada batey, en cada campito y esto nos debe hacer sentir muy orgullosos.
La esencia del ser es su misma individualidad, pero que sucede ¿cuándo compartimos elementos que nos identifican y nos hacen sentir más cercanos uno con otros? Cuidar la cosmovisión que compartimos con nuestros ancestros asegurará que nuestra historia sea irremplazable, y que cada que la contemos, el orgullo sea ese sentimiento que nos identifique.
Pané, Fray Ramón. “Relación de las antigüedades de los indios”. México: Siglo Veintiuno Editores, 1974.
https://pueblosoriginarios.com/centro/antillas/taino/maque.html
https:/f/popularenlinea.com/. (s. f.). – Centro Cultural Taíno Casa del Cordón. https://casadelcordon.com/cemies-cohoba-y-mitolog%C3%ADa-ta%C3%ADna-el-espacio-de-lo-sagrado
