El poeta, ensayista y novelista Víctor Escarramán Hernández nació en 1967 en Buena Vista, un campo ubicado en Jarabacoa, provincia de La Vega, en 1988 se trasladó a la capital para estudiar Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), trabajó desde esa misma época en el Banco de Reservas, donde duró 34 años, es decir que el ejercicio de su carrera lo hizo dentro del banco y al servicio de esa institución.
Ya retirado de los afanes laborales, se dedica a escribir y a la actividad privada, en la que ocasionalmente realiza algunos trabajos, ahora sin las urgencias de la profesión. Es casado y padre de dos hijos, ambos profesionales de la comunicación, con los que mantiene una excelente relación basada en el diálogo.
¿Cómo fue su primer acercamiento a los libros y a la literatura?
Mi papá no era un gran lector de libros, no leía poemas ni novelas ni cuentos, pero yo recuerdo de niño que lo veía leer los periódicos de una manera que, más que leerlos, él los estudiaba, en el campo no era que llegaban muy seguido, pero él tenía un sobrino que era abogado, un hombre que viajaba siempre a España y que le traía periódicos, después tuve un profesor en octavo curso me empezó a interesar porque nos hablaba de libros y de autores, y otro profesor que todavía está vivo, lo tuve en el bachillerato, él nos daba trabajos como escribir relatos breves, a veces nos hacía escribir poemas y después nos corregía, y él fue el primero en alentarme, me decía que yo tenía vena de escritor y me estimulaba a que siguiera escribiendo. Cuando llegué a la universidad ese empuje de parte de los profesores toma otra dimensión porque la universidad exige más.
¿Qué recuerda de su infancia en esos campos?
Mi papá era productor de café y tenía ganado también, así que yo recuerdo esos días, montado en burro o a caballo entre las montañas, recuerdo los pinos de Jarabacoa y las plantaciones de café, anduve por los campos, eso era como una aventura que todavía tengo guardada en mi memoria.
¿Ha volcado algo de esos recuerdos en sus libros?
Sí, porque a uno le queda ese “chip”, que es como un disco duro donde todo se graba, en mi primera novela que se titula La venganza del obispo fui colocando algo de eso, yo tenía también, de mis años juveniles, unos cuantos escritos que originalmente pretendían ser poemas, pero cuando los volví a revisar me di cuenta de que no se podían publicar porque eso no tenía una forma definida, así que comencé corregirlos, eso fue cuando vine a la ciudad, cuando ya tenía más lecturas, comencé a darles una estructura, con algunas correcciones de amigos y entonces cuando vi que eso ya se podía publicar lo hice, esos escritos aparece también algo de lo que fue esa infancia entre montes y montañas.
¿Cuáles son los autores que han influido en su manera de escribir?
Uno de los que más han influido es García Márquez, obviamente, pero también entre mis lecturas juveniles y ya más adulto figuran Juan Rulfo, Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Azorín, Juan Bosch, leía mucha poesía de Tony Raful, y de Manuel Rueda, en la escuela era obligatorio leer El masacre se pasa de a pie, de Freddy Prestol Castillo, también erea obligado leer a uno de los clásicos españoles, a Bioy Casares y a Borges, aunque a Borges nunca lo pude entender del todo, todavía sigo releyendo El aleph, y siempre he sido un fanático de William Faulkner. Porque sus novelas son apasionantes, Faulkner ha influido en Octavio Paz, en Vargas Llosa y en García Márquez, todos ellos lo ven como a un maestro, a mí me impresionó siempre esa técnica del monólogo interior que él utiliza, pero que es como una invención de Virginia Wolf y de James Joyce, todos ellos de alguna manera han influido en todo lo que escribo.
¿Qué valoración tiene usted de poetas como Manuel del Cabral, de Franklin Mieses Burgos y de todos esos grandes poetas dominicanos?
Aunque aquí tenemos un poeta nacional que es Pedro Mir, para mí Franklin Mieses Burgos es posiblemente el gran poeta dominicano, Manuel del Cabral es también un gran poeta, José Mármol y Tony Raful, así como Mateo Morrison, para mí son los grandes de la poesía, que se destacan muy por encima de otros, porque además vivimos en un país donde todo el mundo se cree poeta, todo el mundo publica y cree que con eso ya ha sacado patente para hacer poesía…
¿Cuál es el libro que usted, después de haberlo leído, le hizo sentir que ya no era el mismo?
El sonido y la furia, de William Faulkner, y haciendo un rango de tres podría mencionar Cien años de soledad, aunque lo tuve que leer más de tres veces porque no se me terminaban los aurelianos, que son siete. Y Pedro Páramo, de Juan Rulfo. De Mario Vargas Llosa una novela que me llevó a escribir un ensayo es Tiempos recios, que tiene un personaje que a mí me parece que no tiene ninguna función en la historia, que es Miss Guatemala, aunque parezca un atrevimiento de mi parte criticar a un maestro como Vargas Llosa…
¿Qué es para usted la literatura como actividad?
Escribir es para mí algo parecido a una terapia, es algo en la cabeza que se activa en el caso de las personas que nos dedicamos a escribir, algunos los llaman pequeños demonios, otros lo llaman inspiración, es un ejercicio que no deja descansar al escritor hasta que saca a la luz esos “demonios”, pero también es un acto de soledad, porque cuando uno escribe, al menos en mi caso, nunca está tan solo como en ese momento.
¿Cree usted que para ser escritor es imprescindible ser un buen lector?
Evidentemente que sí, no se puede escribir bien si no se lee, me viene a la memoria una anécdota de Virgilio Díaz Grullón, que todo lo que escribía se lo daba a leer a Juan Bosch, y cuando Bosch le dijo que ese escrito se parecía a otro que él había leído, de otro autor, obviamente, Díaz Grullón dejó de escribir por un tiempo, porque no quería que nadie pudiera pensar que él fuera capaz de copiar o de plagiar a alguien. Sucede que cuando uno escribe siempre se “cuela” algo de lo que uno ha leído, eso es inevitable, pero la lectura aporta lenguajes, ideas, aporta creatividad, abre puertas a la imaginación.
Poesía
Aunque tenemos un poeta nacional que es Pedro Mir, para mí Franklin Mieses Burgos es posiblemente el gran poeta dominicano”
