Ascensos y exclusiones en el Ministerio Público

“Consejo Superior del Ministerio Público asciende a 164 fiscales y fiscalizadores de diferentes jurisdicciones. 90 de los que participaron en el concurso ocuparán la posición de procurador de Corte de Apelación y 74 la de procurador fiscal”, dice la nota de prensa.

El listado incluye personas meritorias, trabajadoras y decentes, que han “sudado la toga” cumpliendo con su rol firmemente en los tribunales, por los cuales nos alegramos. Pero, y es lo lamentable, notamos muchas ausencias.

Por esta razón el reciente ascenso parece selectivo. Premian a muchos con sobrados méritos, pero incluyen otros sin el mismo nivel, así no se critica la selección. Muchos incluidos debieron ascenderlos hace mucho, otros aún no, pero están.

Y, repito, otros faltan. Digamos que la norma existe, los méritos de muchos también, pero a la hora decisiva prevalece otra lógica, más silenciosa y menos noble. Esa lógica que se mueve por simpatías, por cercanías, por intereses disfrazados de evaluaciones.

Los hechos hablan solos. Fiscales con más de veinte años de servicio quedaron rezagados ante otros que no han dirigido una sola unidad, que nunca han llevado una toga, que no han sentido el peso de litigar un caso complejo ante un tribunal. Y que, por lógica, no acumulan sentencias relevantes ni han realizado investigaciones rigurosas y, quizás, tampoco tienen formación especializada.

Esa distancia entre el mérito de algunos que faltan y la decisión que los ignora genera un ruido que trasciende el concurso por no ser técnico, sino moral. Porque lo que está en juego no es solo un ascenso: es la confianza en el sistema. Cuando las promociones de muchos se perciben como favores y no como consecuencias naturales de un desempeño, el mensaje que se envía es negativo: esforzarse no garantiza nada; ser competente importa menos que ser cercano; el mérito es negociable. Y cuando el mérito se vuelve negociable, la institución se debilita.

Para muchos parece cierto aquello de: “Es mejor caer en gracia que ser gracioso”. Es decir, es más útil ser funcional al poder que competente para el cargo. En ese terreno fértil germinan personajes que ascienden más rápido que otros debido a sus relaciones y no por los resultados de su desempeño.

Lo lamentable es que esa técnica de poner en un listado a personas incuestionables, cuyos méritos y entrega al trabajo son su carta de presentación, junto a otros que están por amiguismo, cercanía y compromisos, no debiera ser utilizada por la Procuraduría General de la República, pero sí. Digamos que es una técnica muy vieja, pero efectiva.

En el país, y es una lástima que también en el Ministerio Público, es difícil ascender como consecuencia del trabajo. ¡Qué lejos está la carrera como vía de institucionalidad y no como botín! Qué improbable es que se valore el tiempo, la experiencia, la prudencia y la integridad de algunos. Y qué fácil es que la cercanía derrote al mérito en muchos casos.

Pero, como dice un amigo, todo tiene su lado bueno. Pues me tomaré unas copas con varios amigos bien ascendidos, (celebrando); y con algunos mal excluidos, (consolándolos).

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