Nunca como ahora se había especulado tanto sobre el inicio de un año escolar. Casi todos los tópicos triviales, olvidando temas muy sentidos y que todavía son materia pendiente en el sistema educativo dominicano. En nuestra educación, la inclusión y la protección de los Derechos Humanos es un tema que nunca se ha encarado en serio, y esta situación va más allá de un aspirantado, es una línea que en buena política pública debe ser asumida en el Plan Nacional Plurianual del Sector Público para ser aplicado a todos los segmentos poblacionales que han sido, históricamente, olvidadas y nunca se han robustecido los insumos que existen para la intervención oportuna. Este debería ser el momento en que se tomen en cuenta a las personas con discapacidad, capacidades distintas o diversidad funcional.
La Convención Americana de Protección a Personas con Discapacidad la define como la deficiencia física, mental o sensorial, ya sea de naturaleza permanente o temporal, que limita la capacidad de ejercer una o más actividades esenciales de la vida diaria, que puede ser causada o agravada por el entorno económico y social. De este concepto y sus acciones nuestro sistema educativo necesita decisiones administrativas y formativas que hagan real lo oportuno en cada proceso que incluya a personas con diversidad funcional o personas con capacidades distintas.
Aunque parezca contradictoria, es la Escuela el centro de discriminación contra aquellos con capacidades limitadas, marginándolos, sin tomar en cuenta su condición de vulnerabilidad. Se les margina, se le niegan oportunidades y son víctimas de agresiones verbales, con términos peyorativos, cuya única intención es hacer sentir mal al otro. Esta acción es del campo de estudio de la lingüística, pues se inicia con la agresión verbal. Dejan de ser seres con nombres y apellidos para denominarse cojo, incapacitado, ñeco, manco, inválido, mudo, tullío, mocho, y un largo etc. El punto culmen lo ponen las construcciones. Estructuras sin mecanismos de accesibilidad, que es una extensión de las falencias del sistema de transporte, que los lleva a su destino que, en ocasiones, es su castigo.
