El humano nacido para vivir en forma societaria, familia y comunidad, subsiste organizado bajo los Estados con muchos avances en las condiciones de vida, llamadas civilizadas. Los sistemas sociales están erosionando; constatamos cómo muchos de los avances logrados para las mayorías en el Siglo XX, se reducen a segmentos de la población, retornando a la sociedad de privilegios supuestamente superada.
Donde el propio Estado se va orillando a millones de personas a situaciones de supervivencia.
Gracias a los avances de la neurociencia, se conoce que el cerebro humano está subdividido en tres cerebros: el primitivo o reptílico, de donde provienen los instintos, el límbico, o psique de las emociones y el cerebro frontal o de la cognición y la razón.
Si los gobiernos y hacedores de políticas públicas comprendieran que algunas decisiones crean un contexto social hostil, que ponen a las personas en modo supervivencia, activándoles una sensación amenaza o peligro, hechos que orillan a las personas a vivir impulsados desde el cerebro reptílico, la situación podría ser diferente.
El constante estrés, los desalojos, desempleo, el hambre, miedo ante múltiples riesgos, precariedad en las condiciones de vida, incluidas las preocupaciones por asuntos globales, cualquier tontería puede ser la gota que “derrama el vaso” y detona una reacción agresiva.
La necesidad del cerebro de pertenecer al clan familiar pasa a ser sustituido por cualquier clan que ofrece seguridad y medios de supervivencia, aun sea una banda delictiva. El derecho a pertenecer a un grupo que te protege empuja al humano a sacar su peor versión, con tal de sobrevivir en un sistema que le hace sentir en constante amenaza, en riesgo de perder su estatus, o la estabilidad lograda para sustentar su familia quienes la tienen, o quienes aspiran a conformarla.
Estas líneas quieren ser una invitación a construir ciudades educadoras. Donde las políticas públicas garanticen condiciones de vida digna para todos, donde la justicia social, y la paz devuelvan la confianza en el Estado, donde todos los humanos vivamos con los tres cerebros armonizados.
