Autor: Bernardo Adan de la Cruz
Dijo Mandela “ser libre no solo es romper las cadenas, sino vivir respetando y mejorando la libertad de los demás”; pero mucho tiempo antes en 1867 nos enseñó Benito Juárez que ¨el respeto al derecho ajeno es la paz¨.
Es una ecuación: para disfrutar de mis derechos, debo cumplir con los deberes.
Toda ley tiene la dimensión imperativa-atributiva, porque debe ser cumplida y una vez se cumple con el deber, se garantiza a la ciudadanía el ejercicio del derecho. Por ejemplo, el impuesto por la licencia de conducir o la placa, nos otorga el derecho a transitar en vehículo de motor por la vía pública.
El derecho a la salud es una potestad del ciudadano, sin embargo, cónsono con el mismo nos establece el deber de cuidar y proteger nuestra salud.
El derecho a vivir en un medio ambiente sano y libre de contaminación, nos crea el deber o la obligación de que, con nuestro accionar en el campo económico y social, no contaminemos ni deforestemos los bosques.
En fin, la ley es para proteger el ejercicio del derecho, evitando que los gobernantes se extralimiten o cometan el abuso de poder. La ley es para sancionar a quienes violentan el derecho de los demás.
Todo incumplimiento de normas, que no es sancionado, en atención a un poder económico o político, se convierte en un privilegio. Y cuando se aplica todo el peso de la ley al más débil, porque se presume, no demostrando que cometió un delito o incumplimiento de una norma, y esta persona no tiene abolengo político ni económico, entonces se criminaliza o se sanciona la pobreza.
Por eso una ciudadanía consciente, se empodera del conocimiento, haciéndose responsable, con la visión de exigir el respeto y disfrute de sus derechos, porque cumple con los deberes.
Y finalmente, ejercer la libertad implica asumir las consecuencias de nuestras decisiones o acciones.
Cuando no se asumen las consecuencias de las decisiones que definimos en libertad, esta conducta, irresponsable y deshonesta, se convierte en acto de libertinaje.
