Una visión humanizante de la frontera, y nada más (2 de 3)

La firma de innúmeros tratados fue el recurso utilizado para tratar de zanjar las diferencias entre las dos antiguas colonias. Ryswick, 20 de septiembre de 1696, Aranjuez, 3 de junio de 1777, Basilea, 22 de julio de 1795, y después de denominadas República Dominicana y República de Haití se firman el Tratado de Paz, Amistad, Comercio, Navegación, y Extradición del 9 de octubre 1874, el del 21 de enero de 1929, entre Horacio Vásquez de la República Dominicana y Louis Bornó de la República de Haití, quienes acordaron los puntos definitivos de la frontera domínico-haitiana, y, finalmente, el tratado del 17 de febrero de 1935 entre Sténio Vincent y Rafael Trujillo, destinado a dirimir los litigios que quedaron de los acuerdos anteriores y que se concertaron en e1936.

Con la firma de estos acuerdos se fueron creando límites naturales y algunos artificiales que permitieron acordar asuntos económicos, políticos y culturales entre ambas naciones. Todos estos acuerdos se vieron frustrados en 1937 cuando se produce la matanza o genocidio de ciudadanos haitianos del lado dominicano. Trujillo necesitaba un ritual de legitimación de la dominicanidad, había creado un discurso xenófobo que marcó un antes y un después de los tratados fronterizos.

La dictadura hizo del tema fronterizo una cuestión de identidad nacional. Puso en marcha un programa de dominicanizacion de la frontera, asienta comunidades étnicas extranjeras, no negras, españoles, japoneses, judíos, con los cuales tenía el propósito de fortalecer los límites entre naciones. Los asesores de Trujillo no tomaron en cuenta que, además, de las comunidades o colonias, había que crear infraestructuras y demarcaciones administrativas que dignificaran las vidas de los asentados, al no hacerlo, los grupos humanos abandonaron la frontera.

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