Muertes violentas, particularmente asesinatos, cometidos generalmente por sicarios (dos desconocidos a bordo de una motocicleta que disparan y matan a alguien sin mediar palabras y huyen) son notorios en Santiago últimamente. Eso no hace a la capital del norte una ciudad insegura -no se trata de delincuentes callejeros violentos o riñas-. Ese tipo de muertes violentas connota “ajustes de cuentas”, detrás de lo cual están máxime bajo mundo y narcotráfico, pero también enemistades, rencillas personales y celos. Santiago no es una ciudad especialmente insegura, por si alguien quiere mudarse allá o visitarla. Pero esos frecuentes asesinatos afectan el buen nombre de una urbe pujante, progresista y laboriosa. ¿Qué haremos?
