Una reciente historia de la sección económica de El Caribe reveló la sostenida alza de los precios mayoristas de los productos agropecuarios durante la última década, lo cual confirma que comer bien es cada vez más caro para la familia dominicana. Cuando el costo sube en la raíz de la cadena, el golpe llega inevitablemente a colmados y mercados, donde el consumidor final paga la diferencia sin poder negociar. Los salarios no han seguido ese ritmo ascendente, creando una brecha que asfixia el presupuesto familiar. Cada libra de arroz o plátano más cara reduce el margen para ahorrar, educar o vivir con dignidad. Esta tendencia erosiona silenciosamente nuestra calidad de vida.
