Ya nada resulta extraño, cualquier cosa puede ocurrir por insólita, extravagante u ofensiva que sea. Como el caso de la alteración de las letras del Himno Nacional, como si se tratara de un inofensivo juego de niños. Hay todo un debate en torno a este tema y se reclaman acciones legales como fórmula para disuadir futuros ultrajes a los símbolos patrios. Eso está bien, pero lo deseable es que iguales reclamos se hicieran con firmeza y sin excepciones a quienes son supuestamente “patriotas”, pero incurren en graves violaciones con excesos en el uso de facultades desde la esfera oficial, al no velar por el cuidado de los fondos públicos.
