Cada jornada de lluvias extremas remarca que la vulnerabilidad urbana no es accidente, sino el resultado acumulado de desidia y mala gobernanza. Pero reducimos esta cuestión de las inundaciones urbanas a “falta de drenaje pluvial”, como si una tubería más ancha puede resolver décadas de desorden. La infraestructura es indispensable, pero no suficiente. ¿Invertir US$1000 millones en drenaje y continuar arrojando basura a las calles, ocupando zonas vulnerables, depredando los ríos? Sin educación ciudadana, control del uso del suelo, sin freno a la ocupación de cañadas y sin cultura de alerta temprana, seguiremos atrapados en el mismo ciclo. Enfrentar las inundaciones es tarea de todos. La magnitud del desafío exige una mirada más amplia
