Tragedias cotidianas nos recuerdan nuestra prolija lista de males sociales, todos graves y hasta ahora insolubles. La criminalidad predomina en esa enumeración lamentable; pero no menos inquietante es la cuestión de los accidentes de tránsito. Conductores desaprensivos que manejan de forma temeraria e irresponsable provocan caos mortal en calles y carreteras. Nuestro alto número de víctimas mortales por accidentes constituye una dolorosa epidemia. En lo que va de año los accidentes viales han dejado 651 fallecimientos. A ese ritmo, podríamos llegar a superar la cifra de muertes por esas circunstancias durante el pasado 2025, que ascendió a 2,205. El trágico costo de la imprudencia más falta de controles y consecuencias.
