Ver recientemente en CBS News New York el rescate de unos gatitos recién nacidos arrojados a un zafacón me hizo pensar en la distancia entre esa realidad y la dominicana. Aquí un hecho así nunca sería noticia mediática, acaso circularía en redes sostenido por la indignación de algún particular. Tampoco tenemos unidad oficial de rescate animal; los que salvan vidas lo hacen solos, con sus recursos, sin reconocimiento ni respaldo. Esa labor, silenciosa, es heroica; sostiene una parte de nuestra humanidad que básicamente el Estado ignora. Por eso urge crear un Premio Nacional al Rescatista Animal, para visibilizar ese aporte social, dignificarlo y, sobre todo, reconocer que la compasión también merece política pública.
