En 1346 la “peste negra”, una de las mayores pandemias de la historia, mató 50 millones de personas en Europa, según historiadores. Su devastación impactó en relajación de las costumbres pues la pérdida de seres queridos y la incertidumbre de sobrevivientes sobre que ellos también podrían morir pronto, incitaron a la población a la distracción sexual. En la actualidad vemos determinada repetición de eso con la pandemia del covid-19: vuelco tremendo al consumo, incitado por los confinamientos y la pérdida humana y económica de la crisis sanitaria. Ese desenfreno consumista mundial, que incluye más alcohol y fiestas, ha sido factor de la inflación y, en nuestro país, particularmente, del auge actual de todas nuestras formas de violencia.

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