El financiamiento público de los partidos, obra de José Francisco Pena Gómez, estaba llamado a ser una barrera contra dinero sucio, a impedir que el narcotráfico se infiltrara en ellos a base de papeletas. No sirvió finalmente de nada. Se suponía que todo ese dinero que se les puso en mano para costear campañas y demás les disuadiría de acoger dinero privado de origen dudoso, pero fue inútil. Como si no disfrutaran del financiamiento público -sustancioso y firme-, su práctica ha sido acoger a cualquiera que pudiera costear su propia campaña. El resultado de eso ya lo sabemos: narco en los partidos, reconocimiento del fenómeno y llamado a unidad partidaria para frenarlo.
