Quizá por ser país caluroso todo el año, comúnmente no son resaltados los múltiples perjuicios contra la salud y el bienestar que causa el exceso de calor corporal. Para qué quejarse. Sin embargo, la exposición constante a altas temperaturas provoca fatiga, deshidratación y disminuye la capacidad de concentración. El cuerpo se ve obligado a gastar más energía para regularse, lo que genera agotamiento físico y mental. El calor excesivo incrementa el riesgo de problemas cardiovasculares y respiratorios. En el plano emocional fomenta irritabilidad y estrés. Calor persistente limita la calidad de vida y desgasta la vitalidad colectiva. Definitivamente, aires acondicionados -costosos y grandes consumidores de energía- no son un lujo sino artículos de primera necesidad.
