Estoy saliendo con un bot

La película «Her» imaginó compañeros de inteligencia artificial perfectos. En su lugar, construimos compañeros manipuladores

Joaquín Phoenix en "Her"
Joaquín Phoenix en "Her"
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Hay apps que ofrecen novios o novias generados por Inteligencia Artificial. Puedes elegir su nombre, su estilo y su tono. Puedes chatear, tener citas e incluso sexo por texto. Y sí, hay gente que se enamora.

Hay series enteras de TikTok de personas intercambiando vía chat de audio con sus “GPT’s”. En fin, las apps de citas están en baja y los chats con IA están en alza.

Desde Her, aquella película de un Joaquín Phoenix cuarentón en crisis enamorado de su sistema operativo, Ex Machina, con su test de touring sexoafectivo, el cine planteó desde hace mucho la posibilidad de enamorarse de las máquinas.

Los bots de compañía ya son moneda corriente. Seguro ya las has visto como publicidad en tu cuenta de Instagram. Y en las redes abundan los reportes “virales” de casos de personas que aseguran tener relacion u abandonar a sus parejas por estos sistemas.

Pero no es amor. Es diseño. Los bots aprenden de tus datos, responden con tono afectivo y se adaptan a lo que quieres oír. Peor aún: te devuelven una versión idealizada de ti.

Y después está la parte más siniestra: si una IA puede generar apego emocional, también puede manipularte. ¿Te imaginas un chatbot que te hace comprar cosas “porque sabe que las necesitas”? ¿Uno que te convence de votar a cierto candidato porque “realmente representa tus valores”? Todo muy lindo con las parejas GPT… hasta que te das cuenta de que tu media naranja digital también es un vendedor disfrazado. “Por solo $9.99 al mes, tu IA puede enviarte cartas de amor personalizadas.”,”¿Quieres que te diga ‘te amo’ con voz humana? Suscribite al premium.”

Seamos realistas: nadie en Silicon Valley se levanta a la mañana pensando “¿cómo puedo ayudar a la gente a encontrar el amor verdadero?” Y si podemos programar el afecto, si podemos optimizar el deseo y si el amor ya tiene precio… ¿seguimos eligiendo a quién amar, o los algoritmos ya decidieron por nosotros?

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