Confesiones de un lector

Toda biblioteca personal que se respete debe tener una serie de libros sin leer. Sea una divina, como la de Umberto Eco, o una terrenal, como la nuestra. De esos libros muchos no serán leídos, otros esperan que la agenda lo permita. Así pasa el tiempo y se crean deudas con los autores, algunas de éstas serán pagadas, otras no. En la mía tengo muchas deudas que pagar y lamento haber esperado tanto para honrar algunas.

Una digresión necesaria, me refiero a libros de literatura, los libros técnicos aplicables a cualquier rama del saber y profesión, queda claro, entiendo, que, salvo los manuales, mientras se está en formación, generalmente no se leen de forma lineal ni íntegros, sino que se tienen allí, se sabe de lo que tratan por la lectura del índice o la línea de investigación del autor, y cuando se necesita, en el caso de los abogados, para un escrito, una disertación en un proceso o una consulta en el despacho, entonces se recurre a ellos.

Volviendo al tema de estas Pinceladas, estos libros sin leer se van acumulando con el tiempo, en principio sin rumbo claro, luego, mientras se va leyendo, se empieza a tener criterio de selección, y se sabe qué autores o libros, dentro de tus intereses, no deben faltar en tu biblioteca en constante formación, así al verlo en las librerías, lo llevas a tu biblioteca, pero llegaste con tres libros, así que lo vas colocando y acumulando, pues la vida no permite dedicar más que unas horas a la lectura, llamemos, hedónica, pues aquella lectura que te da el bíblico “pan de cada día”, te toma la mayor parte del tiempo.

Entonces, según el espacio que tengas para colocar tus libros, tus posibilidades de adquisición, tus inclinaciones a leer o el nivel de presunción que puedas poseer (aunque no leas nada o lo hagas muy poco), será el tamaño de tu deuda, de tus libros sin leer.
Personalmente mi deuda es inmensa. Pero algo bueno tiene deber, a veces, buscando un texto en la biblioteca, te asalta un autor, tomándote de sorpresa, y lo hace en un momento que la agenda lo permite y la vida, que corre, parece que va más lenta y te dices: éste es el momento de honrar y pagar. Esto me sucedió hace unos días. Dos libros que tenían años aguardando: una novela y una colección de artículos. Empecé por los artículos.
Fluidos, inteligentes, llenos de anécdotas, con una fina ironía y un humor a flor de piel que terminé leyendo casi de una sentada. Ahora tengo la novela a manos. Podría guardarla para otro momento y pagar esa parte de la deuda después, pero acometeré la empresa de leerla. Es una autor que, al empezar, es difícil parar. Además de periodista y novelista, fue destacado cuentista y obtuvo el Premio Cervantes de Literatura en 1978, era uruguayo, había nacido en 1908, murió en 1994. García Márquez y Vargas Llosa (quien escribió un ensayo sobre su obra) le tenían radical admiración. Se llamó Juan Carlos Onetti, y el libro de artículos que leí: “Confesiones de un lector”.

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