Agua de lluvia

Con la lluvia, si es tenue y fina, se puede hacer poesía. “Las gotas de lluvia besan la tierra murmurándole”, escribió Rabindranath Tagore, pero cuando cae tanta durante tantas horas seguidas como ayer, pasa de ser motivo de inspiración a preocupación. Quizá se deba apelar a aquello de que no hay mal que por bien no venga, porque si para el Gran Santo Domingo y algunas otras provincias las lluvias cayeron como una maldición, resultaron bendición por la posibilidad de mejora en la energía hidráulica, y más ahora cuando el precio del petróleo se encarece y presiona el suministro eléctrico. También se dice que es la mejor aliada del agricultor, así que mientras algunos resultan afectados, para otros los aguaceros de ayer fueron como un maná que bajó del cielo.

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