Despertemos a la vida real

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    Señor director. El domingo el parque Mirador Sur estaba lleno de familias (padres con sus hijos pequeños) dándoles un respiro al aire libre que tanto bien les hace, además de ese compartir y afianzar los lazos de amor familiar entre las parejas y los hijos.

    Vi y disfruté al máximo una carrera que estaban por empezar dos niños como de la misma edad (4 ó 5 años), aparentemente hermanos, junto a sus aparentes padres.

    La madre los alentaba a llegar a un árbol que estaba cerca para ver quién llegaba primero. Y uno de los niños dijo, lo haremos juntos a la vez, recuerda que somos un equipo. Ella rió y dijo, claro que sí ¡Adelante! El niño replicó, a la cuenta de tres. Y la madre empezó a contar. El otro niño no salió tan rápido y él lo esperó, instándolo a correr, tanto en la salida hacia el árbol, como de regreso, en la que ese otro niño también se demoró, y como era de esperar, corrió a la par para llegar juntos. ¡Maravilloso es el ser y la sabia consciencia de ese niño!

    Fue significativo observar cómo ese niño le dio una buena lección a la madre, haciéndole notar que no iban a competir, que eran un solo equipo. Algo que desde muy chicos nos enseñan es a competir... aunque no haya una mala intención en ello, nos crea muchos malestares y traumas que mayormente nos hacen sentirnos inferiores o muy altaneros.

    Muchos padres sacan a sus hijos, otros no pueden, están agobiados del teletrabajo, y tantas responsabilidades. Los niños lo pasan bien afuera, pero cabe decir que desde que están más tiempo en la casa con los padres, lucen más saludables y alegres, a pesar de seguir con ganas de salir a pasear y no hacerlo.
    Hay de todo para contar en esta pandemia, muchas noticias malas y muchísimas buenas..., centrémonos más en estas últimas.

    Mientras el cambio no se acabe de instalar, pasaremos por pruebas más difíciles, hasta que el colectivo humano, en su mayoría esté preparado para dar a luz a una nueva humanidad.
    No la que nos venden gracias a la inteligencia artificial y la robótica, si no una que nos revelará toda la sabiduría perdida y acabará con el sufrimiento humano y del planeta, dotándonos de una consciencia superior que todo lo convertirá en armonía, paz y amor.

    No nos conformemos con juguetes desechables y sumamente costosos. Si nos sometemos a esa jerarquía del poder absoluto que nos están ofreciendo tan engañosamente, seremos fieles servidores de mentes enfermas, o dueñas de las plataformas tecnológicas, que sin pensarlo mucho usamos bajo un contrato que nunca terminamos de leer.

    Abramos los ojos del entendimiento y pensemos por nosotros mismos, la mayoría está loca porque al fin nos pongan la vacuna que tanto revuelo está causando, pero la mayoría no sabe que estará cada vez más a merced de fármacos y dependencias de todo tipo, y sin saber bien los riesgos.

    Recapacitemos. No nos adentremos más en la realidad virtual, despertemos a la vida real.
    Idalia Harolina Payano Tolentino
    Colaboradora

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