Personas que saben de leyes dicen que la Constitución dominicana se encuentra entre las más avanzadas del mundo; escuchó bien, de la bolita del mundo. También están los que estiman que el país está sobrado de buenas leyes, por lo que habrá que concluir, entonces, que el desorden social-institucional dominicano no radica en las reglas establecidas.
Atribuyen a Napoleón que “más fácil es hacer leyes que hacerlas ejecutar, y a Montesquieu que “la ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie. Si nos hemos esforzado para tener una Constitución al último grito de la moda y disponemos de leyes que casi lo abarcan todo, la conclusión es que la enfermedad está en su incumplimiento y en la ausencia de voluntad para hacerlas cumplir.
