El regidor y su barco fantasma

Hay narcos políticos que llegan a los partidos como quien llega a un barco fantasma: sin timón, sin brújula y con la única certeza de que, mientras el barco flote, se puede saquear. Lo que ha salido en los periódicos no es una sorpresa. Es una confirmación. Un narcotraficante disfrazado de regidor, que usó la política como si fuera una bolsa del súper: llena de favores, contactos y blindaje. Y el hombre, que tenía cara de seminarista y verbo de vendedor de seguros, terminó manejando presupuesto público como quien maneja un cargamento que no pasa por aduana.

Pero no vamos a hablar de ese caso. Ya bastante tiene el país con la resaca moral que deja. Lo que importa de verdad es el agujero donde se cuelan estos personajes: el financiamiento de los partidos. Esa cloaca sin tapa por donde entran, sin hacer fila, los que tienen dinero, pero no ideas. Y cuantas menos ideas, más dinero. Como si fuera un trueque: tú pones los millones, nosotros te ponemos en la boleta.

El sistema está diseñado así. Y cuando no está diseñado, está permitido. Hay candidatos que no saben hablar, no saben escribir, no saben dónde queda la biblioteca del Congreso, pero llegan con maletas. Y no de ropa. En las campañas, lo de menos es el discurso. Lo que importa es cuánto puedes pagar por llenar una caravana, por mandar a hacer gorras, por comprar silencio o aplausos. Todo tiene precio, excepto la vergüenza, que escasea.

Y claro, cuando te enfrentas en una campaña electoral a un gobierno corrupto que reparte billetes como volantes, los demás partidos entran en pánico. Se vuelven mendigos de lujo, buscando aportes en cualquier esquina. Ahí es donde se abre la puerta al tipo con pinta seria, que nadie sabe bien de dónde salió, pero que tiene una sonrisa tranquilizadora y una promesa: “Yo tengo cómo ayudar”.

Así empezó el regidor. Así empieza el desastre.

Hay políticos decentes que terminan manchados solo por no mirar bien con quién estaban en la foto. El problema no es solo moral. Es estructural. O se regula de verdad el dinero en la política o seguiremos viendo fantasmas en cargos públicos, navegando tranquilos en sus barcos cargados de votos comprados.
Y cuando el barco se hunda, el capitán desaparece.

Pero la delación en la DEA queda escrita.

Demuéstrame que estoy equivocado…

Posted in DE UNA SENTADA, Opiniones

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas