Los ecos de los brindis, los fuegos artificiales, las luces de las fiestas, los saludos y los buenos augurios forman parte de un ritual que se repite de manera sempiterna para dejar espacio a la calma, a la reflexión y a la consabida actividad de prepararse para iniciar un nuevo año, con el balance de los logros y de lo que no fue posible, con los propósitos y resoluciones de lo que pretendemos lograr en los próximos trescientos sesenta y cinco días.
Cuidar la salud, sobre todo después de una semana de excesos en comidas y bebidas figura entre las prioridades de cada persona que pretenda llegar al próximo periodo festivo en condiciones de festejar.
Otra prioridad es atender las premiosas necesidades del espíritu, que a veces no se hacen notar con la intensidad de las enfermedades orgánicas, pero pueden manifestarse en estados de ansiedad, de angustia y depresión.
Los que peinamos canas aspiramos a trabajar para vivir mejor, a mejorar las relaciones con los compañeros de labores, vecinos del entorno, jefes a los que conocemos desde hace años con los que siempre es adecuado conservar las fronteras de un trato respetuoso y amable, amigos a los que siempre debemos estar prestos a escuchar y apoyar, o criticar llegado el caso.
Se trata de balances en los que las columnas del debe y el haber suelen aparecer difusas, de manera que tomarse tiempo para reflexionar antes de actuar es imprescindible para no lamentar errores. En cuanto a cuidar la salud, por ejemplo, el paso de los años casi siempre muestra un déficit que se nota en el aumento de la panza, por falta de actividad física y por no obedecer las indicaciones de los médicos de llevar una dieta balanceada y porque la tentación de los dulces y las grasas termina ganando la batalla.
Pero el año está ahí, nuevecito, sin estrenar, con las fechas vacías que se irán llenando con las decisiones que tomemos en las próximas estaciones; se trata de un desafío para ser mejores, dar el máximo, renunciar a todo lo que hace mal, y creer, pese a todo, que llegaremos al final de estos siguientes doce meses con la esperanza intacta, tal vez no victoriosos totalmente, pero sí con la disposición a comenzar de nuevo.
