El exilio

El ostracismo, palabra que tiene su origen en que en la antigüedad se escribía en un caparazón de ostra o de tortuga el nombre de la persona que sería exiliada después de una votación, es sinónimo de exilio, es decir, abandonar la tierra de origen casi siempre por razones políticas, persecuciones y peligro de muerte, entre otras razones.

En los años 70 las dictaduras que gobernaron Latinoamérica exiliaron y obligaron a exiliarse a muchas personas por razones políticas, la mayoría fue gente que huyó antes de ser apresada por las fuerzas represivas de esos estados, gobernados por militares golpistas.

Existe también lo que se puede definir como autoexilio, cuando una persona decide irse por voluntad propia de su país de origen, sea para probar suerte o mejorar sus condiciones de vida, como es el caso de quien esto escribe, que a los cuarenta y cinco años decidió dejar casa, trabajo y toda su zona de confort para aterrizar en el solar dominicano, enamorado y dispuesto a empezar de nuevo.

Los exiliados por razones políticas no pueden regresar a su país mientras persistan las condiciones que los obligaron a irse, en cambio los que se autoexilian pueden volver siempre que tengan posibilidades económicas de hacerlo, lo que no siempre sucede.

En un lenguaje poético se pudiera decir que hay otro tipo de exilio, cotidiano y rutinario, que comienza en las mañanas cuando los hombres y mujeres que trabajan en las más variadas profesiones y oficios abandonan sus hogares para dirigirse a sus lugares de trabajo, a esos espacios de los que no es posible salir hasta que se haya cumplido el horario laboral o se haya terminado de efectuar la tarea encomendada, como nos sucede a los que trabajamos en la prensa.

La adaptación a una nueva cultura, a otra forma de hablar el español que es nuestra lengua, a otro tipo de comida, de música, de convivencia, suele ser un proceso que se vive con expectativa al principio, cuando todo parece nuevo porque se ve con ojos de turista.

Pero siempre estará la nostalgia de la patria lejana, de la familia y los amigos que se quedaron, hasta que esa adaptación permite asentarse definitivamente en la nueva tierra y se aprende a ser feliz después de todo.

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