El tedio de enero

Los brindis, los buenos deseos, los festejos, la efímera sensación de ser obligatoriamente felices durante unos días, todo eso ha quedado atrás y el tiempo parece que de pronto se aplanara en una sucesión que acumula los días en una dimensión grisácea.

Enero es una época que para los bolsillos se hace demasiado larga, después de haber tirado la casa por la ventana, y no porque se tarde más en cobrar, sino porque los ajustes del presupuesto doméstico obligan a reducir gastos, sobre todo en una enorme mayoría de hogares donde los ingresos no han permitido “guardar pan para mayo”.

Son treinta y un días que se estiran en noches más largas, con la sensación de que las celebraciones navideñas parecen lejanas mientras los días se recuestan sobre una rutina que, salvo los intentos de cumplir con los propósitos formulados en diciembre, no trae nada novedoso.

Los dominicanos que viven en Europa o en Estados Unidos comparten imágenes de los crudos inviernos boreales, con calles y autopistas nevadas, fotos que producen una sensación de frío porque aquí no estamos acostumbrados a esas temperaturas que cristalizan el aliento y congelan hasta las ganas de vivir.

Los que tenemos el “vicio” de leer intentamos cumplir con lecturas pendientes, que casi siempre comienzan por los libros que recibimos de regalo o por los que nos autorregalamos con el doble sueldo, un proceso que tardará seguramente hasta marzo o abril, siempre que no aparezca alguna novedad en las librerías.

Sin embargo, esa tediosa sensación que parece alargar los días persiste, como si enero durara la mitad de los trescientos sesenta y cinco días restantes, porque hay poco que festejar, salvo el 21 que es el Día de la Altagracia y el 26 que es el aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, fechas que no ameritan festejos bailables, ni comidas especiales ni reuniones “de carácter etílico”.

Así que los hombres y mujeres de corazón debemos prepararnos debidamente para afrontar este mes de la mejor manera posible, no permitir que el aburrimiento se instale en nuestra existencia, juntarnos para hablar de libros, de política, ir al cine, caminar por el malecón o por nuestros parques, contar los mismos chistes y reír como si recién acabáramos de escucharlos, enfrentemos enero con el escudo de la alegría.

He dicho.

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