Discurso de Luis Abinader pronunciado en Santiago
Discurso de Luis Abinader pronunciado en Santiago

Por: dres. Jacqueline Boin y José Serulle Ramia, presidenta y presidente-fundador de la Fundación Ciencia y Arte, entidad incorporada en el año 1989.

El Excelentísimo Presidente de la República, Luis Abinader Corona, hizo en su discurso del 16 de agosto en Santiago de los Caballeros, en la celebración del 159 aniversario de la gloriosa guerra restauradora que puso fin al colonialismo español en la República Dominicana, un claro balance de sus dos primeros años de gobierno.

Un balance favorable desde el punto de vista cuantitativo

En esos dos años, se ha visto obligado, a raíz de la continuación de la pandemia de la Covid-19, tal como ha sucedido para numerosos gobiernos, a dividir sus actuaciones en dos etapas.  

Le correspondió primero actuar en un contexto de emergencia en los terrenos de la salud y de la economía. Esto hizo que el gobierno que preside tuviese que enfrentar el nuevo coronavirus, satisfacer las demandas de salud y compensar  las pérdidas de empleos e ingresos.

Luego, después de estar  controlada  a medias la enfermedad, gracias a  la vacunación  y otras medidas, le tocó actuar en la dirección de la recuperación de la actividad económica que había sufrido una disminución drástica durante lo que restaba del año 2020, todo el año de 2021 y lo que va del año 2022.

El balance  ha reflejado la realización de una  intensa labor en esos dos campos y ha arrojado resultados cuantitativos positivos, con índices que pueden, en muchos casos, constituirse en referencia y que darían fe de que  el equipo de Gobierno “está cumpliendo  con su función”.

La enumeración de las obras y  proyectos programados, iniciados y  en curso,  muestra la intervención del gobierno en muchos frentes de la vida social, en diversas regiones del país y un uso adecuado de los instrumentos tradicionales de  política monetaria y fiscal  con miras a frenar el impacto de una inflación, importada en su gran parte,  y  a favorecer en sus condiciones de existencia a los sectores  más desposeídos de la población.

En el área  de la educación, el primer mandatario resalta el esfuerzo desplegado  por mejorar su  calidad.  En el marco de las funciones del Estado, se destacó un trabajo importante en la dirección de eliminar la corrupción en el tren administrativo del Estado y el irrespeto a la ley.

La elocuente exposición del  conjunto de las realizaciones que ha hecho el gobierno y de sus resultados inmediatos, a mediano o largo plazo, constituye  sin lugar a dudas un punto a su favor en términos políticos.

Resultados alentadores  pero limitados

 No obstante el anuncio de cifras favorables en lo que respecta al crecimiento de los indicadores económicos más usados, como el  crecimiento del PBI, la tasa de inflación, el desempleo, la deuda pública interna y  externa, el monto de inversiones en un sector u otro, el monto de las reservas de divisas en el Banco Central, entre otros, una importante proporción de la población dominicana se queja del alza de los precios y de la disminución drástica de su ingreso real o poder adquisitivo.    

La descripción  de la situación económica y social  resultante de las medidas tomadas en ese terreno, se ha limitado esencialmente  a arrojar informaciones numéricas, compararlas  a la situación prevaleciente antes de la crisis de salud o durante la pandemia, considerando en esta ocasión la economía como si fuera una ciencia fría, desvinculada del  carácter social, ambiental, político y cultural de la sociedad.

 El Excelentísimo Presidente de la República pudo haber penetrado y tocado con profundidad, por su formación profesional, temas de los cuales algunos  fueron presentados hace meses por el mismo gobierno como objetos obligatorios de reformas: las funciones  del Estado y de las autoridades locales, el rol de las comunidades en la consolidación de un régimen democrático y la importancia de la cohesión social.

  Se han quedado áreas estratégicas sin abordar como la gestión ambiental. Solo  se ha mencionado el  ordenamiento territorial, como un proyecto futuro y no como una urgencia con el objeto de garantizar una vez por toda uno de los elementos fundamentales que abren el camino al desarrollo integral de la República Dominicana.  

 En el contexto de las   relaciones con el exterior,  todo parece indicar,  que la política aplicada con miras a mejorar las relaciones que sostienen los  Estados y pueblos de Haití y República Dominicana,  se circunscribe a la construcción del muro separador con el supuesto objetivo de limitar la emigración irregular de Haití  a la República Dominicana,  así como las actividades ilícitas que se llevan a cabo en el territorio fronterizo.

No se hace alusión, en el discurso,  a la necesidad de  estrechar las  relaciones que unen actualmente a  los dos países, ni a la interdependencia que existe entre estos en todos los órdenes y la necesidad que tienen ambos Estados y pueblos de trabajar juntos en el fortalecimiento  de las mismas.

Esto visto en términos de unas relaciones que, en la dimensión humana, social, económica y ambiental,  podría convertir las relaciones entre República Dominicana y Haití en un ejemplo a seguir por los demás países fronterizos, basadas en el entendimiento, la comunicación e intercambios comerciales y culturales permanentes –diáfanas y transparentes-, en el respeto de los valores patrios y de la historia de cada nación y en la búsqueda constante de la cooperación en todos los terrenos, definiendo con claridad meridiana el papel a jugar por la Región del Caribe, Latinoamérica y el resto del mundo..

No se pueden dejar de abordar esos temas, de carácter decisivo para el presente y futuro de la nación dominicana, por el simple hecho de que puedan valorarse como complejos y de alta sensibilidad.

Recomendaciones generales

La observación critica  más importante que queremos hacer sobre el contenido del discurso presidencial y  el balance de su gestión  es  de considerar reiterada e insistentemente  las realizaciones mencionadas en todas las áreas como verdaderos cambios,   entiéndase  como  transformaciones de fondo.

 Sin embargo, la era del cambio, de un cambio profundo, de una verdadera transformación  aún no ha llegado y no puede haber llegado todavía en un espacio de tiempo tan corto, y sobre todo manteniéndose en la formación social dominicana los intereses que tradicionalmente han definido el presente y que desean seguir modelando el futuro del país.

Después de  logrado cierto nivel de recuperación de la  economía, como afirma el Excmo. Presidente de la República, Luis Abinader Corona, se puede  abordar la  tercera etapa de la estrategia, aunque la segunda esté todavía en curso.

Es la de  planificar e iniciar las verdaderas transformaciones que requiere el país para transitar hacia un desarrollo de carácter integral.

Esto incluye el cambio de los objetivos y de los principios que animan a las autoridades en su accionar en procura del bienestar de la ciudadanía.  También debe incluir los aspectos relacionados a la cultura, sin los cuales es imposible delinear el rumbo de una nueva sociedad.

En economía, más allá de las cifras record que se puedan exhibir, no bastan las medidas coyunturales, ni siquiera aquellas políticas económicas que son consideradas como estructurales.

Las inversiones tanto públicas como privadas  deben estar dirigidas a suplir productos  de calidad, satisfacer las necesidades de la población, crear empleos, generar ingresos  y oportunidades en todo el territorio del país.

 Las riquezas creadas en el proceso productivo deben ser justamente distribuidas y no ser objeto de una concentración tal de capitales que despoja a los demás miembros de la sociedad del mínimo ingreso necesario para montar  un negocio o sobrevivir. 

Las infraestructuras  y servicios  ofrecidos a la población  deben corresponder a los derechos que tienen los ciudadanos de acceder a esos servicios considerados como básicos.

 La salud, como sabemos, es uno de los servicios públicos del cual dependen nuestras vidas.  Nadie puede negarse a  darle mayor importancia en el presupuesto nacional para aumentar su calidad y su carácter de bien público.

La educación ha logrado mejorar sus infraestructuras y es loable el interés gubernamental de abrir  extensiones de la UASD en diversas regiones. 

Ahora bien, la educación es también un soporte de la existencia social de los seres humanos. Esta debe aparte de transferir conocimientos, contribuir a transformar la mentalidad de la gente, su forma de pensar y actuar, en función de las nuevas ideas planteadas sobre cómo llevar a cabo el desarrollo de una nación   y de las  políticas correspondientes  que deben ser aplicadas.

 Debemos pasar del individualismo que nos mantiene encerrados en acciones excluyentes de la mayoría de la población y adoptar  una concepción comunitaria y equitativa del desarrollo.  Esto llevará el gobierno a ser más fiel en la representación del interés nacional y a actuar  en procura del bienestar de todos.

En el terreno internacional, debemos sustituir el sentimiento de discriminación hacia otros pueblos por el conocimiento mutuo de nuestras realidades, el entendimiento y la cooperación, manteniendo el respeto de la identidad de cada cual.

 El  cuidado de nuestro hábitat y de sus recursos naturales y  el ordenamiento territorial  son igualmente tareas estratégicas.

La participación de la población en el desarrollo de su campo, pueblo, ciudad o de su región, en la determinación de las políticas públicas a seguir, es otro instrumento que el gobierno y las autoridades en general  deben  impulsar.    Coincidimos en que el país necesita ideas, trabajo y aportes.

Sean estas consideraciones parte  de  una  humilde contribución a la definición de las políticas gubernamentales que han de trazarse en los dos próximos años con miras a obtener resultados a largo plazo.  

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