Dueños de la verdad

¿Quién puede tener la razón en un mundo demasiado informado donde todo es relativo y se sobredimensiona? ¿A quién creer? ¿Cómo saber si lo que se dice, se escribe o se calla es cierto? Ahora más que nunca se requiere de un ciudadano racional, reflexivo y crítico que pueda discernir entre los frutos y la maleza, sin perder de vista que a un árbol seco, desnutrido y sin ramas nadie osaría lanzarle piedras.

Descubrir la objetividad de los hechos resulta una labor titánica, pero no imposible porque, detrás de cada versión (positiva o negativa) siempre habrá un depende: de quién lo dijo, de a quién conviene, de a quiénes se dirige, de aquel al que se beneficia y del que tendría un especial interés en la tergiversación.
Entre medias verdades, bulos (para no llamarles mentiras flagrantes), exageraciones, minimizaciones o realidades disfrazadas flota, tímida y escurridiza, la veracidad de los hechos. En una misma escena se verá el que esté dispuesto a expresar lo ocurrido, aunque se le vaya la vida en el intento, pero también habrá al que le falte la integridad para liberarse de prejuicios, actitudes personales o interpretaciones que lo alejan de lo cierto; mientras, estarán otros que conscientemente prefieran abstenerse de confesar e inclinarse a fomentar inexactitudes repitiendo el relato sin que medie la más mínima verificación.

La historia antigua y reciente se encuentra sujeta al emisor, a los personajes que afecte o a las posibles implicaciones y difícilmente muestra los acontecimientos desprovistos de subterfugios, exhibiéndose como fueron y no como se quisiera que hubieran ocurrido para conservar una imagen impoluta de sus participantes en los cuales el protagonista querrá sacar ventaja de lo que considera fue su mejor papel, al tiempo que el narrador no estará desprovisto de parcialidad.

Aquellas decisiones avergonzantes que hasta la familia ignora, episodios de la vida que se prefiere olvidar, errores imperdonables que años después solo dejan arrepentimientos y que nadie quisiera que se conozcan, conforman todo un baúl de remordimientos que se resisten a que se muestre, desnuda y sencilla, la autenticidad de lo eventos, tal y como estos ocurrieron.

Por eso, entre las enredaderas que cubren lo real, emerge serena la verdad que solo épocas posteriores y la trayectoria harán resplandecer sin apasionamientos y aunque se pretenda eclipsar con dudas. Será, entonces, en ese preciso instante y cuando menos se espera, que hará libres a sus víctimas y esclavos del escarnio a los farsantes. La vida da muchas vueltas y a veces vuelve al lugar de partida, basta fe y paciencia, porque los tiempos, como todo lo de Dios, son perfectos y llegan justo cuando se está preparado.

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