Con el viento a favor

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    El recién inaugurado gobierno termina el 2020 con el viento a favor en el plano político, pero tiene como lastre la grave situación económica generada por la pandemia.

    Si bien lleva ese peso arriba, el desempleo, y el crecimiento de la pobreza, producto del momento por el que han pasado muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, en el plano político y social, no tiene de frente nada grave que afrontar.

    El que fuera principal partido está inmerso en un congreso que nadie sabe si conducirá a una gran catarsis, pero en el plano externo enfrenta un serio problema con una sociedad que se siente defraudada por las graves denuncias de corrupción.

    La otra fuerza política, un desprendimiento del antiguo partido oficialista que ha devenido en su crítico más fiero, desarrolla una oposición constructiva por no decir colaboracionista, incluso, facilitando la gobernanza del presidente Luis Abinader mediante su respaldo a iniciativas congresuales. Además, parece que fluye algún nivel de comunicación desde el poder hacia ese entorno.

    Las demás fuerzas sociales con capacidades reactivas, como el movimiento social y laboral, tratan de reacomodarse. El primero tiene más empeño en impulsar la persecución contra la corrupción en el gobierno pasado, y en tal virtud, aliado a las tendencias del actual gobierno que favorecen procesar a quienes entienden que han erosionado el erario. El sector laboral, que en las últimas décadas se acomodó al poder y se acostumbró a las concesiones dialogadas, sea desde el gobierno o de la patronal, reduce sus banderas a una pobre defensa del derecho al trabajo en medio de las masivas cancelaciones en el sector público, especialmente en el ministerio de Educación.

    En cualquier caso, la crisis pandémica crea un escenario favorable a la Administración, ante la cual la mayoría de los sectores privilegian una política colaboracionista, como las fuerzas productivas y los demás estamentos de la sociedad empeñados fundamentalmente en sobrevivir.

    En pocas palabras, el gobierno y su presidente Abinader navegan en una tormenta como una pandemia, pero sobre aguas serenas, favorables para avanzar en mejores condiciones durante el año que se avecina.

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