El idílico mundo de las redes sociales

    Cada día se encienden más las alarmas de expertos de la conducta humana por las distorsiones en las relaciones personales y en el seno familiar como consecuencia de un mal uso o del empleo abusivo de las redes sociales.
    Recientemente escuchamos discurrir a una terapeuta sobre un gran fraude: tantas vidas perfectas en las redes de parejas que exhiben su mejor sonrisa, pero que navegan en aguas turbulentas.

    Refiere que las redes se han convertido en el escenario para una obra que todos hemos elegido aplaudir, en las que extraña que aparezca alguien que se exprese triste, con aburrimiento o con conflictos sobre su vida personal y familiar.

    Y remata con una apreciación que basa en estudios científicos, y es que estamos ante un fenómeno social que genera obsesión y angustia por encontrar contenido fabuloso que publicar, aunque sea inventado.

    Esto tiene como contrapartida un efecto inverso en las personas que observan en redes sociales estas publicaciones con actos maravillosos, entre las que se genera frustración, tristeza y envidia.

    Inclusive, hay una realidad igual de angustiante pero todavía más preocupante y es cuando por las redes sociales se producen distanciamientos en las rutinas del entorno familiar porque hay quienes, por ejemplo, hasta en la mesa o en el sofá viven ensimismados deslizando el dedo en una pantalla en busca de algo distante, mientras ignoran a los que están a su lado.

    Hay un escrito de la psicoterapeuta Cassiana Tardivo que retrata a la perfección esta realidad que carcome a nuestros hogares y dice lo siguiente: “Estamos perdiendo a nuestros hijos dentro de la habitación, encerrados a merced de dispositivos electrónicos que no nos dejan escuchar sus voces, ni sabemos de sus fantasías”.

    Es solamente una vuelta de tuerca más de una serie de conductas adictivas que alejan a las personas de su entorno familiar inmediato para esclavizarlas con la tecnología.

    No solamente los especialistas, sino también las instituciones educativas y las familias, debieran promover más actividades de conjunto, para fortalecer las relaciones interpersonales y alejar a nuestros jóvenes y adolescentes de esta preocupante adicción.

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